J. Ruiz-Tagle Madrid | sábado, 19 de octubre de 2013 h |

Pregunta. Del ministerio a las librerías con El peor de los venenos. ¿Cuál es el peor veneno?

Respuesta. El desconocimiento, en sus múltiples vertientes.

P. Y para combatir contra el desconocimiento… Una gran labor de documentación, como para escribir esta novela, ¿no?

R. Por supuesto. ¿Para esta novela? En 2004 se celebró la conferencia anual de reguladores de medicamentos y el simposio satélite versó sobre medicamentos falsificados. Ese fue mi primer gran contacto con este tema.

P. La portada del libro muestra una pistola cargada de píldoras. ¿Quién puede apretar el gatillo?

R. Quien desconozca lo que tiene entre manos, exactamente igual que un niño con un kalashnikov.

P. “Una novela que combina realismo y ficción en iguales dosis. Los nuevos medicamentos alcanzan precios muy altos…”. ¿Es la parte de ficción o de realidad?

R. Es una realidad absoluta. Basta con ver que los elementos que se falsifican son los de mayor valor. Si un medicamento costara 50 céntimos no se falsificaría.

P. ¿Es un discurso político encubierto?

R. Yo escribo novelas para divertir a los lectores.

P. ¿Qué tienes en común con el protagonista, Arsenio Barra?

R. El origen gallego y que los dos somos artistas marciales, aunque él mucho más eficiente que yo.

P. Vayamos entonces con la cultura japonesa. ¿Estamos ante un kojiki de las entrañas de la industria farmacéutica?

R. No, ni de lejos. Se trata del fruto de mi experiencia. Es decir, se podrá saber cómo se producen los medicamentos y cómo los delincuentes pueden sacar tajada.

P. Recientemente se ha alcanzado el nivel de 1999 en cuanto a gasto medio por receta, ¿se está sometiendo a la industria a un harakiri?

R. Las medias me dan un poco de miedo. Si tú te comes dos pollos y yo uno, no es justo decir que nos hemos comido uno y medio cada uno.

P. ¿Te sientes más cómodo con un kimono en un tatami o de traje en una mesa de negociación?

R. Me sentía más cómodo con el kimono, pero ya la edad pesa.

P. ¿Qué color de cinturón es necesario para lidiar con la industria?

R. Se necesita el cinturón negro, que es el de la experiencia. Pero siempre hay que estar actualizándose, porque como se dice en artes marciales, cuando se lleva mucho tiempo el cinturón negro se decolora y vuelve a ser blanco.

P. Ante las idas y venidas de la legislación sobre sistemas de precios de referencia, ¿ha sido difícil mantenerse zen?

R. No es fácil, sobre todo cuando hay elementos claves que se ponen en riesgo como el precio umbral. Yo fui un fiel defensor porque estaban en riesgo la comercialización de ciertos medicamentos.

P. Para tomar un sake con quién te irías ¿Elvira Sanz o Ana Mato?

R. Con Elvira Sanz tendría muchas cosas en común, los dos venimos de la industria. La ministra es mi superior jerárquico, por lo que tendría que vencer primero mi timidez.

P. Para terminar, ¿puedes improvisar un haiku sobre la situación actual de la Sanidad?

R. Veo ante mí la niebla, pero sé que detrás está la luz del sol.

La cuarta novela de Carlos Lens (Galicia, 1954) que ve la luz no se habría concebido, según reconoce su autor, “sin la ayuda de Rafael García Plata, su hija y a la Asociación de Farmacéuticos de Letras y Arte”. Con la industria farmacéutica como telón de fondo y una trama de medicamentos falsificados, Lens ofrece su experiencia y conocimiento de 37 años dedicados al sector a los lectores sin mayor pretensión que “la de divertir”. Amigo de la cultura oriental y las artes marciales, bendice las bondades de los medicamentos, “pero también de todos los controles que garantizan su calidad”. Reconoce que en el último año “ha sido difícil” mantener la calma.