El tira y afloja constante que durante años llevan librando las autoridades sanitarias y las oficinas de farmacia españolas parece no tener fin. La reciente sentencia de la Audiencia Nacional, que rechazó que se utilicen medicamentos no comercializados para calcular los precios de referencia, es un claro ejemplo de esta falta de sintonía que se remonta, al menos, a aquel año 2000, cuando fue parido el funesto Real Decreto 5/2000.
El fallo de la Audiencia Nacional vino a avalar las tesis mantenidas desde 2009 por parte de la farmacia española: si para incorporar un conjunto se utilizan presentaciones que ni siquiera han sido comercializadas, lo que se lleva a cabo no es un sistema coherente de reducción del gasto farmacéutico sino que se otorga a las autoridades farmacéuticas una herramienta de dudosa legalidad (ahora será el Tribunal Supremo quien deberá decidir si es así o no) para apretar a conveniencia a un sector sobre el que ya pesan demasiadas vueltas de tuerca.
Hasta aquí, el follón creado es evidente. Un follón que responde únicamente a una falta de sentido común. Tener en cuenta para crear un conjunto presentaciones que no están comercializadas es lo mismo que pagar la factura farmacéutica con billetes del Monopoly (tiempo al tiempo). Por eso, y después de varios años en los que se ha perpetrado este atropello, es necesario que se produzca una reflexión por parte del Ministerio de Sanidad. Una reflexión que llevase a subsanar este problema y, de esta manera, tratar de que el problema no se enquiste más de la cuenta.
La patronal estatal de oficinas de farmacia, FEFE, ha tendido su mano y apuesta por el “borrón y cuenta nueva”. Por subsanar errores y no pedir que se restituyan los posibles perjuicios económicos causados por esta situación anómala. Todo ello a condición que se corrija una orden que debe entrar en vigor en las oficinas de farmacia en el mes de marzo. Sin embargo, la respuesta del Ministerio de Sanidad no ofrece dudas. Recurrirá la sentencia ante el Tribunal Supremo. El nuevo pulso ya está en marcha, ahora falta ver quién dobla el brazo a quién.






































