La ya ministra dimitida Ana Mato ha sido víctima circunstancial: diversos acontecimientos externos han marcado su destino político. Ortega ya afirmaba que “yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Pero a Ana Mato la han tratado muy duramente cuatro circunstancias que no tienen nada que ver con su desempeño político, que no se puede calificar como malo. En primer lugar, tener un ex marido implicado en casos de corrupción. En segundo lugar, vivimos tiempos de escándalos de corrupción; el propio Consejo del Poder Judicial cifra en más de 1.800. El tercer factor es la crisis que ha puesto su foco en los recortes, en el seno de un Gobierno donde el peso de la cartera de Sanidad era engullida literalmente por el Ministerio de Hacienda. ¿O alguien cree que los ajustes presupuestarios eran una opción de Mato? Y en último lugar, y más reciente, Ana Mato ha tenido la circunstancia nada favorable de recibir la noticia de su “no implicación” el día antes del debate centrado en la corrupción con el presidente Rajoy anunciando medidas.
El desempeño político de Ana Mato no es tan malo como dicen las encuestas de popularidad, que la han situado a la cola. Ni es tan malo como dice la oposición. Mato introdujo el copago en jubilados, y nos parecemos más al resto de Europa. La crisis del ébola tuvo sus sombras en comunicación, viciada por una atención mediática exagerada. Una crisis que se ha saldado con el primer contagio, fuera de los países africanos endémicos, curado. Es la ministra que eliminó el copago de los medicamentos en los parados. Y es la ministra que más se ha ocupado de los problemas de género, pero la historia será más dura con ella. Desde luego llevamos décadas de ministros de Sanidad, hombres y mujeres, que se han lucido poco en popularidad.
Representantes independientes como Juan José Rodríguez Sendín (OMC) o Paco Miralles del sindicato CESM han dicho de ella que ha escuchado y ha sido dialogante y que han llegado a “acuerdos interesantes para los profesionales”. Que el balance es nefasto para la sanidad pública por el RD 16/2012 es una opinión de Pepe Martínez Olmos (PSOE) que se caracteriza por ser un hombre eficaz en sus labores de oposición. Que ha promulgado Decretos sin consenso es, más que una queja, la cruda realidad de un país que no es capaz de ponerse de acuerdo en cómo combatir la corrupción. Podemos (rebautizada ahora como “Cambiemos”) tendrá un programa mutante que seguirá sorprendiendo a los partidos, incapaces de dialogar. El consenso murió prematuramente cuando nació la democracia.
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Ana Mato dimite víctima de las circunstancias. ¿Se sostiene de manera objetiva que su balance es negativo?
Sindicatos y profesionales le reconocen su diálogo y acuerdos “buenos para los profesionales”, al tiempo que la oposición le reprocha Decretos sin consenso
El reproche del poco peso de Sanidad debe hacerse a todo el Gobierno y no a Ana Mato. ¿Quién fue el último ministro de Sanidad con popularidad?
La oposición critica duramente el RD 16/2012 que dice es “nefasto para la sanidad pública”. Que alguien me explique en qué nota ahora un paciente dicho RD.
Podemos cambia su programa a golpe de encuestas, mientras PP y PSOE siguen si entenderse. La sanidad será la siguiente víctima.
En buenas Manos






































