| viernes, 19 de junio de 2015 h |

Si hay una palabra para definir a la que durante los últimos seis años ha sido la presidenta de los farmacéuticos españoles, Carmen Peña, esa palabra podría ser: pionera. Una pionera que ha sido capaz de derribar barreras a las que se enfrentaban las mujeres farmacéuticas que nadie había derribado. Una especie de Concepción Arenal, Victoria Kent, Emilia Pardo Bazán, Margarita Nelken o Clara Campoamor del mundo farmacéutico. “Farmacéuticas de muchos países no tienen acceso a puestos de decisión, eso hay que cambiarlo”, dice.

Y es que, el camino recorrido en el mundo farmacéutico nacional por esta doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid, hija de militar, nacida en Venezuela (llegó a España con tres años), casada (con Antonio), con tres hijos (una farmacéutica, un médico y una estudiante de Derecho) y con botica en la Gran Vía madrileña, es digno de mención. ¿Ejemplos? En 1997 se convirtió en la mano derecha de Pedro Capilla, cuando fue nombrada secretaria general de la máxima institución farmacéutica española, un puesto que nunca había ocupado una mujer, algo que le recordó un compañero de la junta directiva, lo que le sirvió de acicate para dar ese paso al frente. ¿Más ejemplos? En julio de 2009 se convirtió en la primera mujer en ocupar la presidencia del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. ¿Otro? El 30 de agosto de 2014 fue elegida para presidir la Federación Internacional Farmacéutica (FIP), institución de la que era vicepresidenta desde 2008.

Estas tres ‘muescas’ marcadas en su currículum, son únicamente un ejemplo de una trayectoria que se inició en el seno del Consejo General 1988, cuando aterrizó en esta institución a través de la vocalía nacional de Dermofarmacia; que siguió con su nombramiento en 1989 como miembro del área de Dermofarmacia del Grupo Europeo Farmacéutico (PGEU); con su designación en 1997 como miembro de la delegación española en la PGEU; del Working Group of Public Policy de la Federación Internacional Farmacéutica en 1999; de la delegación española de la Federación Panamericana de Farmacia (Fepafar) en 2005… Una camino, con rosas y espinas, que ha desembocado en la presidencia de la máxima institución farmacéutica mundial, lo que le llevó a dejar el pasado 16 de abril la del Consejo General.

Un Consejo General que bajo su mandato ha dado pasos importantes para modernizarse y entrar de lleno en el siglo XXI. En avanzar hacia una farmacia más clínica y asistencial, contribuyendo especialmente a la renovación y proyección estratégica de la profesión farmacéutica en los ámbitos nacional e internacional.

Así, entre los logros más destacables logrados por Peña en estos seis años, se encuentra el haber elaborado unos nuevos estatutos para el Consejo General (pendientes de aprobación por el Ministerio de Sanidad); la firma de un acuerdo con el Ministerio de Sanidad que diseña un futuro para la farmacia sustentado en tres pilares: Pacto por la Sanidad, Desarrollo Profesional y Gestión Clínica; o el desarrollo de la Declaración Córdoba, que se ha convertido en la hoja de ruta de la farmacia para reforzar el papel asistencial, profundizar en la colaboración con otros profesionales sanitarios, formar parte de las tomas de decisión sobre política farmacéutica y abrir el camino a una cartera de servicios propia de la farmacia.