¿Por qué defienden la aplicación de un código ético de mínimos compañías farmacéuticas como Menarini, Farmasierra y Merck-Serono?
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¿Qué conocido personaje del sector es propietario de un castillo en el Reino Unido?
¿Por qué están empezando a descartar la comunidad autónoma de Canarias algunas sociedades científicas como escenario para celebrar congresos médicos?
Aunque el Ministerio de Hacienda ha reactivado el plan de pago a proveedores, las perspectivas de cobro de la deuda nueva y pendiente no son muy halagüeñas para los laboratorios y los fabricantes de tecnología y productos que operan en el sector sanitario. Salvo excepciones protagonizadas por consejeros conocedores de las repercusiones de sus actos, las autonomías siguen reteniendo miles de facturas en los cajones en espera de que les llegue el maná del Estado de este plan, sabedoras de que las compañías afectadas renunciarán a los intereses de demora temerosas de provocar susceptibilidades y levantar ampollas, y de que algunas solo podrán reclamar a la Administración central los intereses de demora cuando les paguen a través del FLA. ¿Cuál es la solución al dilema del retraso en los pagos? En principio, las autoridades económicas los afrontarán en tramos, y comunicarán en principio el 29 de noviembre la cantidad exacta con la que estará dotado el plan, para las facturas anteriores al 31 de mayo de 2013. ¿Y el resto de las cantidades pendientes por los servicios y productos recibidos? En principio, la reactivación de este plan por parte de Hacienda no altera el calendario previsto, y será muy complicado que las compañías privadas sanitarias y numerosas farmacias recuperen todo su dinero antes del primer trimestre de 2014. Lo lógico y normal, tal y como transcurren los procelosos vericuetos burocráticos de España, es que puedan ver saldada la deuda que las administraciones autonómicas mantienen con ellas a finales del primer semestre, aunque no es descartable que el proceso se aplace incluso más tiempo, dada la maraña que se cierne por medio de todo este proceso.
Así, es lógico el enfado y hasta la desesperación de muchas compañías, la agitación que se vive en las multinacionales con oficina en España y la ingeniería financiera que aplican ya las empresas puramente españolas, carentes de cash para desarrollar su actividad e imposibilitadas para acceder a créditos bancarios. Es normal también la dosis de realismo que impera en las patronales afectadas por una bola de nieve que no termina de aminorarse desde los tiempos del anterior Gobierno. En Farmaindustria, por ejemplo, la presidenta Elvira Sanz lleva recomendando a sus asociados en reuniones internas desde hace semanas que acudan raudos a empresas de factoring o a entidades financieras como el BBVA o el Banco Santander si quieren cobrar ya las cantidades adeudadas, aunque esto implica renunciar a parte de lo facturado. El dilema es claro: a las compañías solo les quedan dos opciones. O aguardar meses para percibir las cantidades pendientes, sabedoras de que la bola crece y crece y se les volverá a deber más cantidades en el futuro, o aceptar una suerte de quita para contar con liquidez y poder mantener la actividad.






































