alberto cornejo Madrid | viernes, 15 de marzo de 2013 h |

En la actual época de crisis y recortes que viven las farmacias, la lógica acredita a los farmacéuticos titulares a reducir costes en su negocio. Dentro de este capítulo, la reducción de plantilla suele ser una de las primeras opciones que se plantean los titulares, ya que los gastos de personal “son los mayores gastos con los que cuenta una oficina de farmacia”, confirma Eva María Illera, responsable del departamento laboral de la asesoría Asefarma. Pero la posible merma en la calidad de la atención al público que implicaría disponer de menos personal, así como las mayores operaciones de carácter administrativo que ahora realizan los boticarios (como consecuencia del nuevo copago o el euro por receta mientras ha estado vigente en Madrid y Cataluña) invitan a apostar por otras decisiones encaminadas a “reestructurar frente a reducir” estos recursos humanos.

Son varias las opciones con las que cuenta el titular de una oficina de farmacia para acometer cambios en su plantilla sin reducir personal y, a su vez, ahorrar costes en esta área. La más factible sería “la flexibilización de horarios y cambios de la retribución del personal”, apunta. En este sentido, esta experta recuerda que “la nueva reforma laboral favorece esta reorganización”. En concreto, esta normativa ofrece una mayor flexibilidad a la hora de adecuar las condiciones laborales (principalmente salarios y horarios) a la realidad económica que viven las farmacias, frente a la “excesiva judicialización” que implicaba acometer este proceso de reestructuración según la anterior legislación, indica la responsable laboral de Asefarma.

No obstante, más allá de las posibilidades que ofrece la nueva reforma laboral, Illera dice que “los propios trabajadores son conscientes de la delicada situación del sector y suelen acordar con los titulares una renegociación de sus condiciones sin obligar al titular a hacer uso de lo que permite la ley”.

2010, el punto de inflexión

Hasta hace unos años, el sector de oficinas de farmacia reflejaba una tendencia al alza de las contrataciones, que le situaban como uno de los pocos sectores económicos considerados “de pleno empleo técnico” en España. Sin embargo, 2010 marcó el paso de una alta demanda de trabajadores para las boticas (incluso con dificultades para encontrar personal) a un estancamiento de la contratación, si bien todavía no se podía aludir a una disminución de la misma.

Fue en el pasado ejercicio, debido al agravamiento de la coyuntura económica y la entrada en vigor de nuevas regulaciones de afectación directa a la economía de las farmacias, cuando se ha comenzado a notar una mayor cifra de despidos y “los primeros datos de desempleo en el sector”, confirma Illera. A ello también ha contribuido la crisis de la industria farmacéutica, ya que las reducciones de plantilla que han acometido en los últimos meses diversos laboratorios han provocado que muchos profesionales que ejercían en este ámbito ahora busquen retomar su actividad laboral en alguna oficina de farmacia.

El titular, a escena

A pesar de la reducción de ingresos, el número de operaciones realizadas en las boticas no ha disminuido. “Es el mismo volumen de trabajo, incluso con mayor tiempo dedicado a labores improductivas”, señala Illera en alusión, por ejemplo, a las comprobaciones de la aportación que debe realizar el paciente según su renta al retirar un fármaco financiado, o las anotaciones de las mismas para conocer cuándo se ha superado el límite mensual. ¿La consecuencia? Ahora se emplea más tiempo en cada acto de atención al público.

Todo ello supone que, en términos numéricos, sea necesario mantener las plantillas o, en el mejor de los casos, aumentarlas. El día a día ha revelado una solución intermedia: la vuelta al mostrador del farmacéutico titular. “En determinados casos, sobre todo en aquellas farmacias de gran tamaño, era habitual que el farmacéutico titular se dedicase a labores de gestión del establecimiento en la rebotica, mientras que ahora ha vuelto al mostrador a realizar funciones cara al público”, indican desde Asefarma.

Otra de las opciones pasaría por la contratación de farmacéuticos auxiliares, lo cual sería óptimo siempre que no implique una reducción del personal licenciado. En ambos casos, el objetivo es que el paciente no denote una merma en la atención cualitativa y cuantitativa que hasta ahora recibía en su botica de confianza.

Gasto sobredimensionado

Como se ha indicado, es habitual que, a la hora de reducir gastos para hacer viable el negocio, el farmacéutico titular afronte una reducción de plantilla. En este sentido, desde Asefarma exponen que, en algunas situaciones, los excesivos gastos de personal no son consecuencia de una alta cifra de trabajadores sino de “unos sueldos sobredimensionados”. Unos salarios que quizá fuesen negociados en épocas boyantes pasadas pero que no se justifican en el contexto económico actual. En estos casos, los expertos invitan a los titulares a renegociar las condiciones salariales antes de adoptar decisiones drásticas, como sería el despido.