| viernes, 08 de marzo de 2013 h |

La enfermedad cardiovascular (ECV) es la principal causa de muerte en todos los países y se calcula que por lo menos hasta el año 2020 será responsable de casi 17 millones de muertes al año, la asombrosa cifra de un tercio de la mortalidad global.

En España, la ECV constituye la primera causa de muerte, originando casi el 40 por ciento de todas las defunciones. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) del año 2010, estas enfermedades causaron 119.129 muertes, siendo los dos principales componentes, la enfermedad isquémica del corazón y la enfermedad cerebro vascular.

Para debatir sobre este asunto Contenidos e Información de Salud organizó recientemente un encuentro en su sede central que bajo el epígrafe “La gestión del riesgo cardiovascular y la medicina personalizada”, reunió a varios expertos en la materia.

Uno de los temas que salió a colación fue la importancia de la prevención en salud cardiovascular. En este sentido, Carlos Macaya, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Clínico San Carlos (Madrid) y ex presidente de la Sociedad Española del Corazón (SEC), destacó la labor ejercida desde los hospitales “donde hoy en día se han generalizado programas de rehabilitación y educación cardiovascular”. Al mismo tiempo, reivindicó el papel de la enfermería cuya labor en este ámbito es fundamental. “Hay que fomentar la prevención y aunque ésta se está empezando a hacer bien, al menos en lo relativo a la prevención secundaria, es clave involucrar a la enfermería que es la base, ya que los médicos no pueden hacer esa labor preventiva”.

Por otro lado, también destacó la importancia de la prevención primaria y que atañe a la población general. En este caso, hay que remitirse a estilos de vida y hábitos de la sociedad actual, donde las asociaciones de pacientes y fundaciones ocupan una posición prominente. “En la FEC se ha desarrollado un programa “El corazón va al cole”, para incidir en la población juvenil de entre 8 y14 años, ya que en mi opinión es a partir de estas edades tan tempranas donde hay que hacer hincapié en lo relativo a la adquisición de hábitos saludables”, aportó Macaya.

Por su parte, Alejandro Toledo, presidente de la Alianza General de Pacientes (AGP) y de la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha Contra las Enfermedades del Riñón (Alcer), apoyó esta labor de las asociaciones y puso como ejemplo el Observatorio Social de la Salud Cardiorenal (Osscar). Este observatorio es una iniciativa realizada por Alcer y básicamente se trata de una plataforma multidisciplinar de investigación y divulgación social de la salud cardiorrenal apoyada por un comité científico y que tiene como objetivo acercar a los pacientes y a la población la importancia de este problema. Y en general, Toledo resaltó que están satisfechos de la puesta en marcha de esta idea y de los resultados que están obteniendo, por eso insistió en que “la información y la formación del paciente son piezas clave, y la enfermería junto con las propias asociaciones de pacientes, pueden cubrir ese espacio al que profesionales, médicos y administración no llegan. Aunque se están haciendo esfuerzos, aún queda camino por recorrer”.

Y en lo relativo a esos esfuerzo algunos de los debatientes se preguntaron si realmente la administración está tomando las medidas adecuadas para fomentar esos hábitos saludables entre la población y, por lo tanto, ejecutando las actuaciones preventivas pertinentes. Para Toledo, la prevención sigue siendo la asignatura pendiente de nuestro sistema sanitario, sin embargo, Antonio Burgueño, director general de hospitales de la Comunidad de Madrid, aseguró que se aplican muchos recursos a la prevención. Remitiéndose a la salud cardiovascular afirmó que actualmente en la Comunidad de Madrid “hay unas 20 millones de muestras de colesterol al año, por lo tanto, este indicador se pide con frecuencia”.

Burgueño reconoció también que es evidente que hay una nueva medicina y una nueva sociedad, y que las asociaciones de pacientes constituyen un fenómeno a considerar dentro de este marco estructural donde hay que situar como fenómeno emergente a las alianzas con los laboratorios farmacéuticos. Así, instó a estas asociaciones de pacientes a que “le digan a la sociedad el coste que tiene la enfermedad y lo importante que es gastarse ese dinero y lo rentable que está siendo, aunque la gente piense que se está gastando mucho”.

Genética

En este contexto de costes surgió el concepto de medicina personalizada, una realidad que el representante de la Comunidad de Madrid, reconoció como evidente en el mundo actual y definió como altamente eficaz, pero al mismo tiempo muy costosa.

En concreto, ciñéndose en la salud cardiovascular, Burgueño resaltó que evidentemente identificar en España los casos de riesgo cardiovascular antes de que se produzcan episodios graves, resultaría rentable. Además si como alternativa a las ecuaciones de riesgo más conocidas (Regicor, Framingham y Score), hay otras opciones que resultan más eficaces, como pueden ser las pruebas genéticas, evidentemente se producirían beneficios.

Desde el punto de vista del doctor Jaume Marrugat de la Iglesia, del Instituto Municipal de Investigación Médica (Hospital del Mar), la implantación de una prueba genética como es el caso de Cardio inCode Score, que ayudara a los médicos de atención primaria a identificar personas con alto riesgo cardiovascular, facilitaría el ser más coste-efectivo. Es más, apuntó que su implantación se puede hacer de forma progresiva, por lo que la inversión inicial no ha de ser elevada.

Una prueba de estas características contribuiría a la identificación de ese grupo de personas que se encuentran dentro de un riesgo intermedio y que se queda sin definir en muchas ocasiones por los médicos de atención primaria. Así lo muestra, por ejemplo, el estudio Darios, sobre factores de riesgo cardiovascular. A través de este informe, realizado a más de 29.000 personas con alto riesgo cardiovascular de toda España, en concreto personas con posibilidad de sufrir un episodio de cardiopatía isquémica, es decir, una población situada entre 35 y 74 años, se encontraron cerca del 25 por ciento casos en esta situación indefinida. Por lo tanto, “el quid de la cuestión estaría en determinar si a ese conjunto de candidatos hay que tratarlo por tener un riesgo real o no, por no tenerlo”, matizó Marrugat de la Iglesia. “Y los datos han mostrado que de ese 25 por ciento, un 15 por ciento, pasa a ser de alto riesgo, lo que en cifras se traduce en una reducción anual en un 30 por ciento del número de eventos, asumiendo que estas personas comenzarían a ser tratadas con estatinas y que éstas reducen el riesgo al 21 por ciento en un periodo de cinco años.”

Análisis

Eduardo Salas, director científico de Gendiag, avaló la eficacia de Cardio inCode Score, a través de un análisis coste-beneficio, que ha constatado que efectivamente se produce un ahorro usando la genética en la mejor clasificación de pacientes con riesgo cardiovascular. Además, es bueno que el enfermo conozca su enfermedad, “muchas veces el médico y el paciente no comparten el mismo idioma y aquí la genética puede ayudar a entender por qué el colesterol en algunos casos no implica el desarrollo de la enfermedad o por qué el tabaco siendo perjudicial en la población general, no lo es en un caso concreto”. Es decir, está demostrado que este tipo de pruebas “ayudan a que el enfermo conozca que tiene una carga genética que predispone a desarrollar patologías, lo que contribuye a que se tome el proceso de su problema con más responsabilidad y se adhiera más a las recomendaciones preventivas y terapéuticas de su médico”, reseñó Salas.

El experto quiso aclarar que con este tipo de pruebas genéticas lo que se pretende es desarrollar algoritmos que combinen diferentes aspectos del paciente. En el caso de la cardiopatía isquémica, se ha incorporado el componente genético a unas ecuaciones de riesgo en las que ya se incluía el colesterol, la tensión arterial…, con el objeto de tener una información más completa del paciente.

En la enfermedad cardiovascular si al principio se habían usado unos genes relacionados con el nivel de colesterol o la tensión arterial con el tiempo se ha descubierto que esa información es redundante. “Ahora estamos empleando otros genes que no tienen que ver con estas cuestiones y hemos puesto de manifiesto que estos marcadores genéticos no relacionados con la información que ya disponíamos sí aportan datos nuevos y permiten mejorar lo que se estaba haciendo”. Aunque Salas reconoció que aún hay que hacer más estudios cada descubrimiento es un paso hacia delante: “Nosotros nos preocupamos por desarrollar y poner en el mercado productos sólidos desde el punto de vista científico, pero sabemos que con el tiempo irán cambiando y mejorando”.

De hecho, la genética comienza a ser reconocida en las ECV, si bien en Europa se va con cierto atraso, en Estados Unidos, “la Sociedad Americana del Corazón ha publicado un statement en el que se recomienda a los profesionales capaces de interpretar e incluir esa información genética en el manejo de estos pacientes, que la utilicen”, especificó Salas.

El fomento de la prevención en primaria es una de las cuestiones que hay que mejorar

El conocimiento de la genética contribuye a que los pacientes sean mucho más responsables