Hace bastante tiempo que desde sectores poderosos, como pueden ser el caso de grandes superficies o distribución, se intenta el asalto al servicio farmacéutico. Pero no solamente en el caso español, ya que hemos tenido ejemplos de este tipo de actitud en casos como el alemán, el italiano o el francés). Un asalto al servicio farmacéutico que tiene como objetivo fundamental transformarlo en un mercado.
A este respecto, considero oportuno destacar que los dictámenes motivados abiertos por la Comisión Europea en 2006, y la cuestión prejudicial de Asturias sobre la planificación farmacéutica, son un buen ejemplo de ello. Allí, en el Tribunal de Justicia de Luxemburgo, estaban representados los intereses de todos los agentes a los que me he referido anteriormente. Sin embargo, las sentencias en ambos casos dejaron claro muchas cosas, sobre todo, la primacía del servicio público sanitario.
Ahora, aprovechando la crisis en que nos encontramos, generada por un capitalismo salvaje al dictado de teorías económicas ultraliberales, no lo olvidemos, vuelven a la carga con los argumentos de siempre que parecen generalmente aceptados y serán la solución a todos nuestros problemas: “Las cosas están cambiando”; “es una imposición de Europa”; “está pactado en Bruselas”; “lo exige la competencia”…
Cuando se desmontan estos argumentos con absoluta solvencia, como ha hecho la patronal estatal de oficinas de farmacia FEFE, se pone de manifiesto el verdadero fondo del asunto, que no es otro que pasar de un servicio sanitario público a un mercado puro y duro. Cuando se alaban las bondades de los mercados, me vienen a la memoria algunos detalles que se obvian, por razones que sospecho.
A título de ejemplo, leo en la prensa el “efecto lunes” de las petroleras que bajan sus precios los lunes porque es el día en el que se toma referencia de los precios de los carburantes, para subirlos en días sucesivos. Este año pasado los precios de los combustibles han crecido el 8 por ciento y la demanda ha caído el 6 por ciento y, para nuestra sorpresa, el margen de intermediación bruto es el más elevado de los últimos años. La Comisión Nacional de la Competencia avisa desde el 2009 pero… ¿Qué ha pasado? Nada. Los grandes oligopolios escapan incluso al control de los estados. ¿Es esa la competencia? El debate ideológico está servido. ¿Es razonable en el campo de la salud, cambiar servicio por mercado? ¿A quién beneficiaria este cambio? Al ciudadano desde luego que no.






































