Antonio Torres, portavoz de la patronal Fefac Llevar a cabo un cierre patronal es una medida positiva en el sentido de que pone de manifiesto ante la opinión pública, a través de su efecto directo y también gracias a la repercusión mediática, la situación desesperada por la que atraviesan las oficinas de farmacia. Este efecto se consigue con un seguimiento masivo del cierre, como así viene sucediendo en las experiencias llevadas a cabo en todo el país ante los impagos por parte de la Administración. Sin embargo, hay que sopesar muy bien si se emprende esta medida, porque no se puede abusar de ella o perdurarse en el tiempo, ya que tiene sus contrapartidas. Una de ellas es el evidente trastorno que se causa al usuario, a pesar del lógico cumplimiento de los servicios mínimos. Otra contrapartida es la facturación que el día de la protesta sacrifica la farmacia, que se encuentra en una situación financiera muy comprometida. Por estos motivos, la medida debe ser ampliamente consensuada con todos los farmacéuticos, y en sus manos debe estar la decisión. Si bien el cierre patronal es una medida que puede cumplir una función importante, debe ser complementaria a otro tipo de acciones más efectivas. En el caso concreto del impago a farmacias catalanas, desde Fefac consideramos fundamental la negociación con las entidades bancarias que gestionan el cobro de las facturas como vía para dar financiación al colectivo, así como la implicación de todos los agentes de la cadena del medicamento (farmacias, distribución e industria) para que todo el peso del impago no recaiga únicamente sobre las primeras. viernes, 08 de marzo de 2013 h






































