Santiago de Quiroga
Estamos inmersos en un maratón pactista, autonómico, español y europeo. Las autonomías hablarán claro y dirán lo que quieren a mediados de marzo, en el siguiente Interterritorial que tratará (se espera, claro) de financiación. Las propuestas que se están moviendo entre las consejerías apuntan a recortes. Los equipos técnicos autonómicos ya están trabajando en los cálculos de los posibles ahorros. Las comparecencias en la Subcomisión del Pacto por la Sanidad no han dejado de lado el fantasma de la crisis. La coyuntura está minando un pacto que, en lugar de sostener, puede hacer saltar por los aires las cuentas de la industria, la farmacia y la distribución.
Volver a los orígenes del Pacto por la sanidad debería permitir centrarse en la cohesión, la equidad y la calidad del servicio sanitario. Pero el Programa de Estabilidad de la UE pide a España ahorrar 50.000 millones. Y el Estado pide a las comunidades autónomas su parte. Europa ha cerrado el margen del déficit desbocado por la crisis y los planes de rescate: en 2012 el déficit deberá ser inferior al 3 por ciento. Las decisiones muy marcadas por la coyuntura son peligrosas. Vuelve la agitación al sector y cada agente trata de salvar la camisa. ¿Son tan dispares los intereses como para que no haya una propuesta común? Me cuesta creerlo. Quizá son las actitudes y las personas lo que hacen que se creen diferencias. Es necesario un esfuerzo de todos. Ahora.






































