José María López Alemany
La Mesa del Medicamento de Cataluña, promovida por la consejera de Salud, Marina Geli, es un ejemplo de lo que debería contener, al menos en parte, el Pacto por la Sanidad: un conjunto de medidas valientes y eficaces para atajar de una vez el debate sobre la sostenibilidad y aportar estabilidad a un sector que vive desde hace demasiado tiempo con la incertidumbre del mañana.
Es un documento valiente porque reparte entre cada agente del sector, incluyendo a los pacientes y la Administración, su dosis de responsabilidad en el uso adecuado de los recursos. Vuelve a mencionar, por tanto, al impopular copago, pero también llama a una racionalización de la oferta, amplía el rol de profesionales sanitarios como los farmacéuticos e introduce medidas para el fomento de la investigación. Otro de los temas importantes es la huida de propuestas cortoplacistas y desestabilizadoras como las que, hasta el momento, se han puesto encima de la mesa del debate de la sostenibilidad.
Las medidas incluidas en los documentos trabajados en cada uno de los grupos creados abarcan gran parte de las medidas que, según la mayoría de los expertos, deberían haber sido ya puestas en marcha hace unos cuantos años. Pero creo que aún estamos a tiempo.
El hecho de que Geli tenga previsto presentar este documento en el próximo Consejo Interterritorial puede ser el principio de un cambio de mentalidad necesario para asegurar la sostenibilidad del SNS y, lo que es más importante, la solidaridad intergeneracional para que en el futuro todos los españoles podamos disfrutar de un sistema eficiente y de calidad como el actual.






































