El objetivo de cualquier gestión de recursos es obtener la máxima eficiencia y rentabilidad de los mismos. Si el control de costes puesto en marcha no mira para nada los resultados a obtener, el resultado podría ser dramático e incluso contraproducente, dando lugar a mayores costes futuros. Esta situación no es nueva y la llevamos denunciando desde estas páginas desde hace muchísimo tiempo. No hay más que fijarse en la dinámica a la que se somete a los medicamentos que no tienen protección por patente. Cuando no es una revisión mensual de precios es una subasta o un cambio en las condiciones de prescripción y dispensación.
No es el único caso. En los próximos días tendremos oportunidad de ver los pliegos definitivos de la compra centralizada de productos sanitarios y medicamentos. Unos pliegos que se han hecho sin contar para nada con el sector, quien podría haber dado alternativas de ahorro que no supusieran mermas en la disponibilidad de innovaciones al servicio de los pacientes ni la destrucción o deterioro de un sector industrial puntero.
En el caso de los productos sanitarios, la limitación a cada compañía de presentar solo una oferta por lote obliga a los proveedores a elegir qué innovación, qué servicio, qué mejora, dejará de estar disponible en el SNS. Lo lógico hubiera sido hacer un mayor número de lotes ajustando las características técnicas de los mismos para asegurar que todas las necesidades de los pacientes quedan cubiertas. De otro modo, llevar el ahorro al extremo de no mirar sus consecuencias, puede ser muy peligroso.
@JoseMLAlemany en Twitter






































