R.C. Madrid | viernes, 09 de diciembre de 2011 h |

Cuatrocientos sesenta millones de euros invirtió la industria farmacéutica en investigación clínica en España durante el año 2010. Una cifra que se ha mantenido más o menos estable durante los últimos tres años, de 2008 a 2010, pero que se prevé que descienda para este año 2011, debido fundamentalmente a los recortes que ha ido sufriendo el sector desde que comenzara la crisis económica, advirtió Amelia Martín Uranga, de Farmaindustria, durante la celebración del I Congreso Científico de la Plataforma Española de Ensayos Clínicos (Caiber).

Así, tal y como reveló Martín Uranga, una cifra que había aumentado considerablemente de los 299 a los 454 millones de euros de 2005 a 2008 y que supuso en 2010 casi la mitad del presupuesto en inversión en I+D de la industria farmacéutica (1.034 millones de euros), se verá previsiblemente disminuida en los próximos años. De esos 460 millones de euros invertidos en investigación clínica durante el año 2010, casi la mitad de ellos (el 47,3 por ciento) fueron a parar a ensayos en fase III.

Proyecto BEST

El 80 por ciento de la investigación en España está englobada en este proyecto, en el que empezaron 20 compañías y en el que actualmente hay unas 30. El proyecto, que según explicó Martín Uranga, se encarga de medir desde que el protocolo llega a la industria farmacéutica hasta que se recluta el primer paciente, pone de manifiesto ciertas deficiencias en la investigación en nuestro país.

Uno de los primeros problemas que detecta esta profesional es “la alta concentración que hay entre centros que participan en ensayos clínicos y comités éticos de referencia” ya que, aunque esto puede ser bueno en un principio, esta circunstancia puede finalmente terminar “saturando a los buenos”.

Pero a este “cuello de botella”, como ella misma define a estos problemas, hay que añadir otro: el número de pacientes reclutados. Según el décimo informe de la situación de BDMetrics, a 31 de diciembre de 2010, publicado en la web de la Plataforma Tecnológica Española de Medicamentos Innovadores, existe una importante diferencia entre el número de pacientes previstos y el número de pacientes reclutados finalmente. Así, según se muestra en este estudio, del cien por cien de pacientes previstos, terminan reclutándose solo el 77,9 por ciento de ellos.

Y no reclutar significa que, a pesar de que tanto la industria como los comités o la Agencia hayan hecho su trabajo y que incluso el gerente haya firmado el contrato, no consigues el resultado y, al menos en ese centro, el ensayo se cierra y no se realiza, algo que “supone tirar por la borda un gasto importante de recursos”, recordó Martín Uranga.

Eso sí, a pesar de estos límites, la industria ha puesto en marcha desde 2005 hasta diciembre de 2010, fecha de publicación del último informe, 1.323 ensayos clínicos, de los que la oncología ha sido protagonista en un treinta por ciento. En cuanto a comunidades, Madrid y Cataluña han sido las zonas que han concentrado mayor número de ensayos clínicos.

Benchmarking

Para Martín Uranga, comparar la situación de España con la de otros centros europeos en base a la participación en un mismo ensayo clínico es algo “muy beneficioso”, ya que permite descubrir en qué aspectos destaca nuestro país y en cuáles debe mejorar. Así, mientras que España se sitúa entre los primeros puestos de Europa a la hora de aprobar un ensayo clínico (séptimo lugar de 28), esa posición baja hasta el número 20 a la hora de hacer efectivo el ensayo y comenzar con la preparación del mismo.

Otro importante dato que revela este décimo informe es que precisamente nuestro país lidera el número de ensayos por países con el 13,3 por ciento (256 ensayos clínicos), aunque baja hasta la segunda posición si hablamos de número de centros participantes y de pacientes reclutados, apartado que lidera Alemania.

Para concluir, Martín Uranga quiso aclarar que, en su opinión, el retorno no solo hay que medirlo en términos económicos, sino en términos científicos, “de involucrar a los centros de investigación”. Y todo ello, según esta profesional, “dentro de un marco jurídico estable en donde se proteja la innovación”.