| viernes, 19 de febrero de 2010 h |

Pablo Martínez. Periodista e historiador

Lewis Carroll (1832-1898), autor de la saga de relatos sobre Alicia en el país de la maravillas, en su obra A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (1871), trata de describir el mundo al revés por medio de unas situaciones ilógicas y desquiciadas que Alicia va encontrando al iniciar un viaje al otro lado del espejo.

Los profesionales farmacéuticos españoles de 2010 no necesitan poderes mágicos para introducirse en un espejo y poder ver el mundo al revés, basta con que miren su cuenta de resultados y las de sus proveedores. Resulta que en el pasado año 2009, sumando las deducciones derivadas del Real Decreto Ley 5/2000, las perdidas generadas por el margen fijo de los medicamentos de precio superior a 143 euros y los descuentos en las recetas de mutualidades de funcionarios, las 21.000 oficinas de farmacia española aportaron 630 millones de euros a la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud.

En el mismo periodo, es decir, a lo largo del año pasado, la aportación total de la industria farmacéutica española al mismo requerimiento de contribuir a la sostenibilidad del sistema ascendió a 143,8 millones de euros. En ambos casos se trata de contribuciones extraordinarias que se suman a los impuestos sobre la renta, el valor añadido y sociedades que tributan junto con el resto de las empresas españolas.

Pero para muchos, el que 21.000 microempresas con una media de tres empleados, que no llegan a la categoría de pymes, según las definiciones de las escuelas de negocios, tengan que aportar más de cuatro veces lo que aporta un sector industrial puntero entre el que se encuentran empresas multinacionales con liderazgo mundial, representa el más vivo retrato del mundo al revés. Un mundo en el que los liliputienses están encargados de los trabajos más duros y pesados, mientras Gulliver y sus primos entrenan para un partido de tenis.

Por ese motivo, considero que sería muy deseable que las situaciones no se fuercen hasta extremos que pueden acabar rompiendo el espejo. Eso, dicen, trae muy mala suerte.