Pablo Martínez, periodista e historiador
La política farmacéutica española hace aguas. El Ministerio de Sanidad ya sabemos que no tiene competencias en la gestión de la asistencia sanitaria ni en el pago de las facturas de la prestación farmacéutica, pero tampoco ejerce el papel que le corresponde para cohesionar el SNS y garantizar la equidad de la atención a todos los españoles con independencia de su lugar de residencia. La prueba de su dejación de funciones es quizá más palpable en la farmacia. Ante la sensación de estar abandonadas a su suerte, tres comunidades incluso se han planteado invadir competencias del propio ministerio para solventar sus insuficiencias presupuestarias para atender la prestación farmacéutica. Galicia y su catálogo, recurrido ante el Tribunal Constitucional; Andalucía y su proyecto de subasta a la baja para proveedores de medicamentos; y Castilla-La Mancha, que limita la prescripción en receta electrónica de 133 medicamentos.
No son hechos aislados, sino que corresponden a una realidad que no se puede ignorar. El SNS está en crisis y todas las alarmas están encendidas con respecto a los recortes que pueden llegar después de las elecciones autonómicas del 22 de mayo. Cataluña es el ejemplo vivo de la cirugía drástica de un gobierno después de solventar su periodo electoral.
En este punto, empieza a ser un clamor la necesidad de cambiar las actuales reglas del juego. Un debate sanitario del máximo interés organizado por el Grupo Contenidos, editora de EG, retransmitido por Business TV del Grupo Intereconomía; y el reciente informe sobre gestión de la salud elaborado por la Fundación Bamberg, han coincidido en la necesidad de modificar el actual Consejo Interterritorial del SNS y dotarlo de capacidad ejecutiva para que sus decisiones sean de obligado cumplimiento. La Sanidad es la partida de gasto más importante de las comunidades autónomas, y éstas deben tener voz y parte en las decisiones que les afectan fundamentalmente en el gasto, solamente así se podrá evitar la actual dispersión de políticas, entre ellas la farmacéutica, y evitar el peor ejemplo de reinos de taifas enfrentados que nos podríamos imaginar.






































