| viernes, 29 de abril de 2011 h |

Antonio González es periodista del diario ‘Público’

El llamado efecto de la bata blanca es muy conocido en el ámbito sanitario, y como es sabido, se refiere generalmente a que una persona suele presentar valores más elevados de presión arterial en el medio hospitalario que cuando se la mide fuera del mismo. De hecho, este curioso efecto es el responsable de que a veces se diagnostiquen casos de hipertensión en personas que, si miden su presión arterial en la oficina de farmacia o en su domicilio, tendrían los valores dentro de lo normal. Pero gracias a Boi Ruiz y su amenaza de recortes, hemos conocido estos días otro tipo de efecto de bata blanca, en este caso más bien político. Se trata del efecto de alarma que cunde en la ciudadanía cuando ve cómo quienes se ocupan de su salud, que siguen gozando de la condición de profesionales más valorados por la sociedad, se ven obligados a recurrir a la protesta callejera para avisar de la que se nos viene encima. Las imágenes de médicos y enfermeros cortando carreteras para protestar contra los recortes y denunciar la merma en la calidad asistencial constituyen todo un mazazo para la imagen de cualquier gobierno, sea del signo que sea. Y es, además, un mazazo de indudables consecuencias políticas y electorales, aún para un ejecutivo que, como ocurre en el caso catalán con el gobierno de Artur Mas, acaba de ser elegido.

La gente puede olvidar u obviar con facilidad las corruptelas políticas, o incluso los casos más graves de corrupción con todas las letras, como ocurre con el ‘caso Gürtel’, pero los recortes de derechos no se olvidan. Por eso, los avances en materia de derechos sociales son tan difíciles de anularse con posterioridad, y por eso todos sabemos que los anuncios de Mariano Rajoy de que derogará la Ley del Matrimonio Homosexual y dará marcha atrás en la regulación del derecho al aborto son meras soflamas electoralistas dirigidas precisamente al ala más rancia del PP, pero que difícilmente serán una realidad si es que llega el caso. No hay que olvidar que, frente a lo que ocurre en Francia o en otros países europeos, en España todo el abanico conservador sigue agrupándose bajo unas mismas siglas, al menos por el momento.

Pero, volviendo a la sanidad, el efecto bata blanca, en su variable política, también ha tenido ya su resultado, si bien en este caso es positivo. Pese a su novedad, Mas ha sido finalmente sensible a las protestas de los profesionales y ha emplazado a su conseller de Salud a aplazar la presentación pública de sus planes de recortes sanitarios y a abrir un proceso de negociación con los profesionales. Paralelamente, el portavoz del gobierno catalán, Francesc Homs, ha venido a reconocer que el recorte en sanidad ya no será del 10 por ciento, sino que no superará el 6 por ciento para garantizar la calidad del servicio.

Al margen de lo que ocurra finalmente con la sanidad catalana, la marcha atrás que, de una forma u otra ha emprendido el ejecutivo de CiU, debería servir de aviso a navegantes ahora que muchos candidatos a las elecciones del próximo mes de mayo tienen bajo la manga la carta de los recortes. Que no olviden que existe este otro efecto bata blanca y que, si se descuidan, la tensión les puede subir en exceso.