La dicotomía entre Sanidad y Economía por los ajustes no necesita soluciones
rápidas: hay que empezar a pensar en sustituir precios y márgenes por eficiencia y valentía
Será en marzo cuando el Sistema Nacional de Salud afronte su sostenibilidad, pero que nadie se engañe: el debate ya está en las mesas de las consejerías. Y no sólo las de Sanidad, que en boca de su representante canaria han pedido la exención de los recortes para las políticas sanitarias. Las de Economía también tienen algo que decir. Y la confrontación ya está servida.
“Hay que abordar un recorte drástico del gasto farmacéutico”, dijo la semana pasada en la Cadena SER el responsable cántabro de Economía, Ángel Agudo. ¿Tiene algo que ver con el esfuerzo en Sanidad y Educación que hace unos días pidió el secretario de Estado de Hacienda? ¿O con el nuevo planteamiento del Gobierno, que podría penalizar económicamente a las comunidades que no cumplan el objetivo de reducción del déficit al 3 por ciento en 2013?
Es real el enorme peso del gasto sanitario en las cuentas regionales. Pero tampoco hay que olvidar que, a estas alturas, España sigue estando muy por debajo de los países de su entorno en el dinero que invierte en Sanidad en función de su PIB. Seguramente no sea ésta una razón para excluir, como pide Mercedes Roldós, las políticas sanitarias de los recortes anunciados. Pero sí para pensárselo dos veces si lo que se pretende es tirar por la vía fácil, es decir, la de reducir más aún los precios de los medicamentos o los márgenes de la oficina de farmacia.
Miremos a Irlanda, por ejemplo. Ha reducido un 40 por ciento el precio de 300 medicamentos, y aún así la mayoría siguen costando más caros que en España. Olvidemos, pues, la vía rápida. Es hora de hacer caso a los expertos y apostar por la eficiencia y por el control del gasto hospitalario. También puede haber llegado la hora de hacer caso a Anefp, cuyos datos indican que las marcas de gama permitirían a 250 presentaciones salir de la financiación… Eso por no hablar del copago. Aseguraba Trinidad Jiménez al término del Interterritorial que ningún consejero lo ha puesto sobre la mesa. Pero si realmente no estuviera presente en el debate, ¿existiría necesidad alguna de negar su existencia tan categóricamente?






































