| viernes, 18 de octubre de 2013 h |

Malo vendrá que bueno te hará. Esta política puede funcionar bastante bien en tiempos de austeridad. Si lo que se quiere es desviar la atención, anunciar un recorte de 4.000 millones de euros para 2015 cuando apenas se ha empezado a hablar del proyecto de Presupuestos de 2014 es sin duda una buena estrategia para olvidar al ogro que ya ha puesto un pie en nuestro cuarto y preocuparnos más por el que espera detrás de la puerta.

Algo no cuadra en este nuevo tijeretazo impuesto por Cristóbal Montoro a las comunidades autónomas. Sin más explicaciones, no cuadra que el ministro de Hacienda asegure que no implicará la aplicación de medidas adicionales. Y el sector sanitario tiene razones para preocuparse. Es imposible acometer un recorte de 8.000 millones entre 2014 y 2015 sin que afecte la Sanidad, que supone el 40 por ciento de los presupuestos autonómicos. Una mera correlación porcentual arrojaría unos recortes cercanos a los 1.500 millones anuales, en un momento en que las comunidades ya han dejado claro que el limón no puede exprimirse más. Ni una gota.

Y si el sector sanitario tiene razones para preocuparse, especialmente las tiene el farmacéutico. Es difícil que, si hay que hacer recortes de 8.000 millones en dos años, ninguno afecte a la Farmacia, que supone una media del 20 por ciento de los presupuestos sanitarios y entre el 8 y el 10 por ciento de los presupuestos regionales.

La reforma farmacéutica se apoyaba sobre la idea de que el gasto en España era superior al de los países de su entorno. Esto ya no ocurre. Hoy, el gasto medio por receta está en niveles del año 1999 y el gasto real en oficina de farmacia está en niveles de 2003. Desde que comenzaron a aplicarse los primeros recortes, en el año 2010, la factura pública de medicamentos ha bajado más de un 30 por ciento.

El sector debe esforzarse en trasladar el mensaje de que su sacrifico ha llegado al límite. No se trata de negar que haya bolsas de ineficiencia, sino que hay que buscarlas en otros nichos. El sector debe estar más unido que nunca, y los políticos deben tomar nota de lo ocurrido en Estados Unidos. La confrontación por la confrontación no lleva a ningún lado.