Cuando la ley da cierto margen para la interpretación, pueden ocurrir cosas como la creación de la Comisión Central para la Optimización y Armonización Farmacoterapéutica (Ccoaft), un cambio que ahora se da en Andalucía, que pasa de un control férreo de la prescripción local a uno autonómico, aún más férreo. Una comisión que no tiene soporte legal a través de la Ley de Farmacia de Andalucía, pero que la Consejería de Sanidad y el Servicio Andaluz de Salud (SAS) reconocen pero aluden a la interpretación que ellos hacen de la citada Ley, afirmando que sí tienen competencias. La recién creada Ccoaft evaluará medicamentos de alto impacto económico y elaborará guías autonómicas. Es, de facto, asumir una competencia ministerial, al eliminar la posibilidad de prescribir medicamentos que no estén en las mencionadas guías. Si la innovación requiere de estímulos para volver a invertir, impedir que los pacientes se beneficien de nuevos medicamentos a través de trabas burocráticas no es el camino. España aprueba precios razonables en comparación con los países de su entorno. Pero poco importa si se impide que los médicos puedan prescribir.
En la otra cara de la moneda están las compañías de genéricos. Los genéricos necesitan su espacio y su estímulo. No que les quiten protecciones temporales que les ayudan a competir. Es bueno estimular a los genéricos, tan bueno como facilitar el acceso a la innovación. La Junta de Andalucía publica un listado de medicamentos y les dice a las oficinas de farmacia que solo esos serán reembolsables. Las farmacias andaluzas no pueden gestionar sus stocks de manera eficaz, ni simplificar sus pedidos, ni tener una política de compras conjunta de genéricos y parafarmacia o medicamentos sin receta. Las subastas andaluzas intervienen artificialmente en un mercado ya intervenido cuyo precio baja periódicamente. La relevancia de Andalucía para las compañías de genéricos obliga a no lanzar nuevas medidas que perjudiquen aún más el correcto desarrollo del mercado de genéricos a nivel nacional. O dicho de otra forma: no se puede avivar el fuego que consume a las compañías de genéricos con medidas lesivas. Y menos a estas alturas.
Poco importa que los IPT, sean vinculantes y elaborados por una Aemps cada vez más eficiente y seria. Cargos administrativos del SAS emularán nuevamente a expertos internacionales, Agencia Europea del Medicamento, Aemps y ministerio, decidiendo qué es más conveniente prescribir. La innovación tampoco puede ser cercenada así.
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La Junta de Andalucía pone en marcha una comisión autonómica para revaluar medicamentos, lo que hace saltar las alarmas de pacientes y médicos.
La Alianza General de Pacientes pide que las comisiones del SAS incluyan la presencia de asociaciones de pacientes.
Se estudia desde el ministerio eliminar la discriminación positiva del genérico Vs. la marca a igualdad de precio. CiU y PSOE aplauden que lo esté revisando el ministro Alonso.
Las subastas andaluzas ya con la séptima licitación de medicamentos sólo consiguen ahorrar un tercio de sus objetivos. Quizás la nueva comisión de sanidad del nuevo parlamento andaluz discuta sus beneficios.
La primera pugna por un biosimilar en EE.UU.: Amgen contra Novartis.






































