La publicación del Real Decreto-ley 9/2011 constituyó un momento histórico al reconocer un problema concreto en la parte más débil del modelo farmacéutico nacional: la farmacia rural. Precisamente, el tipo de farmacia que lo sustenta y justifica, y añadiendo a este reconocimiento una medida selectiva y proporcional con la que intentaba ofrecerle una solución.
Lamentablemente, cuestiones como delegar el desarrollo de la medida a las comunidades autónomas, eliminar el criterio de ubicación de la oficina de farmacia (RDL 16/2012), y la ausencia de continuidad en políticas que refuercen los cimientos del modelo asistencial que todos hemos designado como el más adecuado para dar respuesta a las características específicas del país, han dado la espalda al espíritu de esta norma y la han transformado en una medida que se centra exclusivamente en aspectos económicos a los que tampoco ofrece solución tras quedarse huérfana frente a nuevas medidas de ajuste de gasto, nuevamente lineales.
Salvo excepciones como Castilla-La Mancha, en estos tres años hemos podido apreciar la ausencia de interés por las administraciones autonómicas en implementar lo que ellas han visto meramente como un incremento de gasto, que además venía impuesto desde el Gobierno central. La medida se ha ido implementando en la mayoría de las regiones a cuentagotas, con dos y tres años de retraso, aunque asumiendo la retroactividad a la que obliga el rango superior de un RDL que debería haber estado funcionando desde el 1 de enero de 2012. Destacar igualmente en el plano negativo el caso de mi comunidad, Andalucía, donde aún no se ha publicado la norma y donde ya se conoce que ésta no recogerá su carácter retroactivo.
En definitiva, más sombras que luces para un RDL 9/2011 que no ha tenido continuidad en su línea de actuación, que ha presentado gran tardanza en su aplicación, y ante la persistencia en actuar contra el denominado “gasto farmacéutico” de forma lineal, sin evaluar cómo afecta al conjunto de la red asistencial, y en particular a las que resultan esenciales para garantizar esta universalidad.






































