Redactor jefe de ‘La Razón’ viernes, 23 de mayo de 2014 h
Es curiosa la manera en la que la crisis ha alterado consideraciones que hasta su llegada parecían inmutables y trastocado principios profundamente arraigados en la Sanidad. Uno es el que decía que el PP y CiU mantienen una mayor sintonía con la industria farmacéutica, por afinidad ideológica, que el PSOE, ya que esta formación la ha satanizado desde tiempos inmemoriales. El otro es el que afirmaba que el Ministerio de Hacienda es el enemigo público número uno de los laboratorios y proveedores bajo los gobiernos de todo signo, y el que fuerza siempre a quedar mal al Ministerio de Sanidad en su defensa del sector.
Respecto al primero, dos hechos constatan su desintegración casi definitiva. Si se analiza lo que pasaba antes y ahora en Cataluña, no será difícil colegir que la industria vivía mejor bajo los designios del PSC y el tripartito de José Montilla, que con los nacionalistas de Artur Mas. La industria allí afincada, antes opulenta, sufre como nunca, y, a las medidas del Gobierno central y a las traducciones de los prospectos, ya dulcificadas, se suma ahora una factura plana que ha forzado a Farmaindustria a mantenerse en la mesa de negociación con CatSalud, pese a que no son pocos los CEO que abogan por abandonar dicho órgano de negociación como desplante ante la nueva afrenta. A nivel nacional, es llamativo comprobar también cómo José Martínez Olmos, el mismo que viste y calza, y santo y seña de la Sanidad socialista, se ha convertido en la gran esperanza blanca de las compañías para frenar tanto las subastas andaluzas, como algunas de las políticas farmacéuticas del Gobierno, ejerciendo en este caso con rotundidad su papel de opositor. ¿Recuerda alguien que las compañías, siempre tan amigas de CIU, se plantearan en el pasado dar la espalda a esta formación? ¿Se acuerda alguien de que la industria pidiera en el pasado la protección de líderes del PSOE frente a las legislaciones contra el gasto del PP, incluso en la época del recorte unilateral de precios de Enrique Castellón?
El otro hecho curioso que altera los cimientos de la Sanidad pasa por Hacienda. Resulta que Cristóbal Montoro, con sus planes de proveedores y la puesta a cero del contador de la deuda, se ha convertido en el principal aliado de los proveedores y laboratorios sanitarios que operan en España, con los que negocia incluso el posible alza del IVA que dicta Europa. La última reunión del titular de Hacienda con las patronales, insólita en otros tiempos, es la prueba de ello. Para quién no lo sepa, baste recordar que los planes activados por Montoro han evitado quiebras de empresas, desinversiones y desempleo. Lo sorprendente es la receptividad del ministerio que controla el gasto si se la compara con tiempos pretéritos.
¿A quién preferirían las multinacionales para presidir Farmaindustria, a López Belmonte o a Ramentol?
¿Qué gran multinacional planea dejar de vender un producto al día siguiente de que el ministerio dicte una resolución concreta?
¿Qué problema serio tiene el ministerio con un funcionario de la Agencia Española del Medicamento?
¿Qué consejero del PP no es capaz de acreditar el destino de subvenciones recibidas del Estado para informatizar sus centros?
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