Santiago de Quiroga | viernes, 05 de abril de 2013 h |

En este país todo el mundo alaba el modelo de farmacia: ministros, algunos con mayor o menor convicción, así como muchas comunidades, todos han apoyado el modelo de farmacia. Pero son palabras. Seamos francos, las ramas de la botica se están podando desde hace años. Y con cada poda, se recorta un poco el beneficio que permitía que unas 16.000 farmacias pudieran ofrecer un servicio de calidad a una retribución adecuada. Pero las otras 6.000 farmacias, hasta completar la cifra que existen, no necesitan dispensar muchos medicamentos; sus ventas son variadas e incluyen más parafarmacia, dermofarmacia. Son farmacias ubicadas, dirigidas y diseñadas muy bien, en entornos de mucho tránsito. No les afecta un recorte en el precio de los medicamentos, porque apenas el 10 ó 15 por ciento de sus ventas son medicamentos financiados. Tampoco sirven a residencias de ancianos, y ni siquiera tienen altas ventas de medicamentos sin receta. Pero el modelo español se basa en la capilaridad, en que los ciudadanos tengan una farmacia cerca de casa.

Las otras 16.000 necesitan reconvertirse, pero no pueden soportar más podas, porque ya solo queda el tronco. Recortes de precio, márgenes, precios mínimos, residencias, pañales… ¿Sigo?

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