| viernes, 15 de diciembre de 2017 h |

El mercado de los biosimilares de aquí a 2020 puede generar un ahorro de hasta 2.000 millones de euros. Un excelente titular que encierra la constatación de la utilidad de una herramienta clave para el futuro de la sanidad española, los biosimilares. Herramienta para el futuro y herramienta de presente. Medicamentos que han venido para quedarse, que cuentan con el apoyo de todos los agentes del Sistema Nacional de Salud y que buscan el respaldo normativo necesario para poder desarrollarse de manera segura. La irrupción de estas terapias es evidente y su incidencia va a resultar importantísima. Pasaremos de un ahorro en el periodo 2009-2016 de 478 millones de euros, al comentado entre 2017 y 2020 de 2.000.

Es indiscutible, por tanto, que los biosimilares cada vez están más presentes en la actividad asistencial. Que cada vez son más utilizados en la práctica clínica ya no solo por el mero hecho del ahorro que suponen para las administraciones, sino por su probada calidad, seguridad y eficacia. La necesidad de no “acabar con la gallina de los huevos de oro” como reclamaba la directora general de Biosim, Regina Múzquiz, en las páginas de EG obliga a cuidar esta opción terapéutica y dotarle de ese marco normativo exigido que ayudará a su completo desarrollo sin comprometer la viabilidad futura del mercado.

El sector de los medicamentos biosimilares considera clave agilizar la normativa para regular aspectos tan importantes como pueden ser la intercambiabilidad o la sustitución. Algo que se reclama también desde el colectivo de pacientes, que ven necesaria mayor información y total transparencia en el uso de terapias biológicas, de manera que conozcan en todo momento qué medicamento están recibiendo y, sobre todo, que no se les ha cambiado por una decisión en la que no ha participado el médico y que ha estado basada en aspectos meramente económicos.

La incidencia de los biosimilares en los sistemas sanitarios
es más que evidente