La vida profesional de Carlos Lens ha estado íntimamente ligada al medicamento. Detallar su extenso currículum, tanto en el sector privado como público, restaría unas líneas preciadas para contarles qué se le puede agradecer a su figura justo cuando peor lo ha pasado España. Como si de un personaje de Gabriel García Márquez se tratase, Lens ha sido uno de los protagonistas de ‘La Sanidad en tiempos de crisis’ una novela no escrita por su puño y letra, pero sí vivida en primera persona.
Todo comenzó en 2012, con un país sumido en una crisis económica y financiera y con un sistema sanitario extenuado. Lens, ante este panorama, siempre tuvo una visión cristalina: la farmacia no va a ser un problema ahora, ni lo va a ser en el futuro. Dicho y hecho. Durante los últimos seis años ha defendido y desarrollado la teoría de los vasos comunicantes al gasto farmacéutico y los hechos le han dado la razón. Los ahorros que genera el sistema son suficientes para abordar unas innovaciones terapéuticas que son necesarias para poder seguir presumiendo de uno de los sistemas sanitarios mejores del mundo.
Primero fue una desfinanciación muy criticada. Ahora, cualquier consejero o consejera autonómico, con independencia del color político que represente, aboga por desinvertir en lo que ya no aporta valor para poder hacer frente a los retos de futuro. Posteriormente fue el líder que abogaba por no perder de vista las fechas de caducidad de las patentes para festajar los ahorros que generarían sus genéricos o biosimilares. También entonces hubo muchos escépticos que lo miraban con recelo. Sin embargo, años después no había Consejería de Sanidad que no preguntara por estas fechas en la Comisión Interministerial de Precios.
Lens es sinónimo de sostenibilidad. Y su defensa a ultranza de sus principios le ha costado no pocos enemigos. Recuerdo, no hace mucho tampoco, cuando en una rueda de prensa, atestada de personalidades de la industria farmacéutica, les dijo, seco y tajante, que “se habían acabado los jueguecitos”. Nunca se casó con nadie y eso, hoy, le avala para ser uno de los consultores (su próxima etapa profesional) con mayor índice de independencia. Quizá no le diga lo que quiere oir, pero no dude que le dirá la verdad.
Capítulo aparte merece la experiencia de la hepatitis C. Y aquí Lens se equivocó al creer que no estábamos ante una de las innovaciones más disruptivas desde hace décadas. En su momento, él era partidario de no financiar Sovaldi y esperar. Lo reconoce sin rubor, porque sabe que equivocarse es tan humano como rectificar es de sabios. Además, es de las pocas personas dentro del Ministerio de Sanidad que no carga las tintas contra el mensajero. “El papel de la prensa fue el más ponderado”, reconoce en una batalla que enfrentó a muchos ejércitos de banderas distintas.
Ahora, mirando hacia el futuro a medio plazo, Lens tiene claro que el abuso de la regulación no va con los tiempos. De hecho, durante su último tiempo en el Ministerio de Sanidad, presume del final del Control Previo Sanitario. Aquella norma, que obligaba a la industria del OTC a recibir el aval ministerial antes de poder difundir publicidad de sus medicamentos vio su fin y cuatro años después las incidencias se cuentan con los dedos de una mano.
En todas estas contiendas, Lens ha mostrado siempre una paciencia que bien puede estar heredada de su devoción por el mundo oriental. En mi último encuentro con él, hace escasos días, recibí una master class sobre el mundo japonés. No sería capaz de reproducir ni una sola de las leyendas o historias —muy mezcladas en esa cultura— que me relató pero comprendí que estaba ante una persona tan analítica como sintética, con una mente capaz de viajar a diferentes árboles con el único objetivo de no perder de vista la inmensidad del bosque.
Volviendo a nuestra última conversación, que culminó en una entrevista en exclusiva tras dejar su puesto que pudieron disfrutar todos los lectores de este periódico, tengo que decir que el viaje a Japón también lo realicé yo sin darme cuenta. Escuchando, a posteriori, nuestra conversación en la grabadora, tuve la sensación de estar leyendo un haiku (poema tradicional japonés). En unos treinta minutos tuve la sensación de estar escuchando, de manera sucinta, la experiencia de hombre que ha vivido una de las etapas más duras para la sanidad pública. Lo que sorprende es la sobriedad y optimismo de un jinete que ha visto como su caballo, calesa incluida, se aproximaba al abismo y ha tenido que luchar contra marea para que no se desprendiera acantilado abajo.






































