SANDRA PULIDO Madrid | viernes, 22 de junio de 2018 h |

Fernando Martínez, catedrático y director del Centro de Investigación de Asma y Enfermedades Respiratorias en la Universidad de Arizona en Tucson (EE.UU.) ha presentado en España el estudio que están llevando a cabo en Estados Unidos y que pone de relieve que el asma en la edad infantil deja huella e incrementa el riesgo de sufrir enfermedades respiratorias en el futuro.

Gran parte de sus investigaciones están basadas en un programa que sigue el desarrollo de los niños desde su nacimiento, durante su adolescencia y hasta la edad adulta.

Se trata del primer estudio a nivel mundial de esta índole, que dio comienzo hace 35 años y en el que participan 1.200 personas.

“Nos está ayudando a entender quien desarrolla asma, cuando se desarrolla el asma, cuáles son los factores de riesgo y sobretodo, a entender que el problema del asma ha aumentado porque han disminuido las exposiciones protectoras que existían a lo largo de la historia de la humanidad”, explica Fernando Martínez a GACETA MÉDICA.

Actualmente, las líneas que sigue el estudio es averiguar quien desarrolla alteraciones de la función pulmonar que llevan a tener EPOC en la edad adulta.

“Nosotros nos hemos dado cuenta de que el asma grave empieza en los primeros años de vida y la mayor parte de las perdidas de función pulmonar de las alteraciones del crecimiento del pulmón se dan en todos los pacientes con asma grave a cualquier edad. Es decir llegan a la edad escolar con una alteración de la función pulmonar que se mantienen hasta la edad de 40 años”, asegura el experto.

“Hemos publicado que hay dos formas de EPOC”, continúa Martínez. “La que está asociada a una pérdida rápida de la función pulmonar en la edad adulta y otra con una caída funcional más baja al final de la infancia cuya principal causa es el asma grave”, indica.

Prevenir el asma

En paralelo a este estudio, el investigador de asma y enfermedades respiratorias está trabajando en mecanismos de prevención de esta patología.

“El 25 y el 30 por ciento de todos los casos de EPOC se podrían prevenir si nosotros pudiéramos prevenir el asma de comienzo precoz”, puntualiza el catedrático de la Universidad de Arizona.

“Estamos muy interesados en la idea de que la exposición a productos de bacterias y a las bacterias protectoras durante los primeros años de vida, que deberían estar presentes en las vías respiratorias y en el intestino, puede ser un mecanismo para prevenir la enfermedad”, reflexiona el investigador.

“Estamos llevando a cabo un ensayo clínico muy grande con niños muy pequeños con alto riesgo por asma para ver si podemos prevenir la enfermedad en estos primeros años de vida”, añade.

“El otro gran reto que tiene que ver con el asma es la prevención de la prematuridad”, es decir “la prevención de aquellos niños que tienen, por ejemplo, 28 semanas de vida. Va a ser también un elemento clave porque es otra causa muy importante de baja función pulmonar al final de la infancia”, concluye.

El asma grave se define como aquella que requiere de tratamiento con dosis altas de corticoides inhalados (CI) y un segundo fármaco (y/o corticoides sistémicos) para prevenir su falta de control o como asma que no puede ser controlada a pesar de este tratamiento.

Asimismo, la inflamación clásica del asma es una respuesta inmunitaria mediada por un tipo de anticuerpo, la inmunoglobulina específica (IgE), en la que intervienen células como los mastocitos y eosinófilos.