El estudio, identificación y valoración de los efectos adversos que pueden asociarse al uso de cosméticos —la cosmetovigilancia— no es una práctica nueva, pero actualmente centra muchos de los esfuerzos de profesionales y colegios farmacéuticos. En concreto, inculcar esa importancia de registrar y evular estos efectos, como recuerda n esta entrevista Rosalía Gozalo, vocal de Dermofarmacía del COF de Madrid.
Pregunta. En cosmetovigilancia, ¿hay que hacer mención especial al boticario?
R. Por supuesto. Los farmacéuticos juegan un papel clave a la hora de realizar un seguimiento de estos posibles efectos adversos y realizar las correspondientes notificaciones a las autoridades sanitarias. El farmacéutico no solo realiza una labor de asesoramiento al paciente en la compra, sino que también se ocupa de llevar a cabo un seguimiento. Ese es uno de los valores añadidos de adquirir un cosmético en una oficina de farmacia.
P. ¿Es obligatorio notificarlos?
R. No. La normativa europea solo obliga a notificar los efectos graves no deseados, que son aquellos que producen una incapacidad funcional temporal o permanente, una discapacidad, una hospitalización… Esa notificación debe ser inmediata, en un plazo de veinte días naturales desde que se reciba la información. Las que no son consideradas graves, no son de obligada notificación a la Aemps. Eso sí, creo que es recomendable notificarlas para registrarlas, analizarlas y evaluarlas.
P. ¿Se notifican muchas sospechas?
R. Existe infranotificación, msobre todo por desconocimiento. Poco a poco va cambiando la tendencia. Hemos pasado de 19 notificaciones a la Aemps en 2011 a 105 en 2015.
P. El farmacéutico está obligado a notificar, pero, ¿está formado para ello?
R. La formación es clave. En este sentido, tenemos que ser una punta de lanza en esta vigilancia.
P. ¿Cuáles son los efectos adversos no deseados más frecuentes?
R. El mayor número de efectos se refieren a casos de dermatitis de contacto
P. Y de cara al futuro, ¿qué hacer para potenciar la cosmetovigilancia?
P. Lo fundamental es la formación, insisto. Por otro lado, los farmacéuticos formados deben ‘educar’ a los usuarios y hacerles ver que adquirir los mismos en una farmacia implica seguridad.






































