El Global Madrid | lunes, 04 de febrero de 2019 h |

En 2019 habrá, según las estimaciones de SEOM, casi 300.000 nuevos casos de cáncer en España, un 12 por ciento más que en 2015, un aumento junto al cual destaca otro incremento: el de la supervivencia, de forma que hasta un 70 por ciento de los pacientes sobrevive al menos cinco años tras el diagnóstico. El papel de la innovación en la supervivencia al cáncer está siendo fundamental y lo seguirá siendo en los próximos años, si bien esta evolución puede detenerse debido a las dificultades para la financiación de las nuevas terapias que irán llegando en los próximos años. Así lo considera la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa), quien, con motivo del Día Mundial del Cáncer, ha lanzado una serie de claves para la financiación de la innovación oncológica.

Para Sedida, afrontar la situación actual requiere que el sistema sanitario solucione dos grandes retos: valorar la innovación más allá del coste y financiarla, superando los intereses y diferentes posturas existentes. En palabras de Joaquín Estévez, presidente de Sedisa, “las compañías necesitan mantener el negocio para mantener, con ello, su actividad investigadora; las administraciones sanitarias luchan contra la falta de sostenibilidad y solvencia y ven la innovación como gasto y no como inversión con una visión cortoplacista; los pacientes quieren ser tratados con la terapia más eficaz, y los clínicos, en una continua formación científica, tienen el compromiso de ofrecer a sus pacientes lo mejor”.

Ante esta situación, por su parte, los directivos de la salud y gestores sanitarios, en la mesogestión, se enfrentan a una factura de farmacia hospitalaria muy alta, siendo éste el punto más complicado de cumplir en cuanto a la cifra objetivo implantada, sin normalmente negociar, por parte del servicio regional de salud en el marco de los contratos de gestión que se firman de forma anual. “En dichos contratos gestión no se tiene en cuenta la llegada e incorporación de nuevas terapias o tecnologías innovadoras. Al revés, la cifra de este objetivo se fija en base al fijado el año anterior”, explica Estévez.

Para hacer frente a todo ello y gestionar con calidad y de forma eficiente, el directivo debe tener un perfil profesionalizado, con formación y experiencia, que le permita liderar la transformación del sistema para poder hacer más accesible, de forma rápida y equitativa, la innovación. “Esto obliga al directivo —comenta el presidente de SEDISA— a conocer la innovación; medir para conocer resultados, lo que facilitará dejar de hacer cosas y poder reinvertir en lo verdaderamente eficiente; implementar la innovación estratégica en la gestión sanitaria para obtener ahorros y calidad y reinvertir, de nuevo, en procesos y productos innovadores que aporten al paciente; conocer la visión de los clínicos y compartir con ellos las necesidades de la gestión, facilitando al mismo tiempo la investigación y la formación, y conocer la visión de los pacientes sobre qué significa para ellos la innovación, cómo viven el proceso en el hospital, etcétera”.

10 claves para financiar la innovación en oncología

Para hacer frente al gran reto de implementar y financiar la innovación, reconociendo el gran papel que desempeñan todos los protagonistas de la salud en el área de la oncología, incluyendo al directivo de la salud, Sedisa propone 10 claves. En primer lugar, analizar el coste real de los tratamientos y de la innovación tecnológica. Para ello, explica la Sociedad, es necesario medir la eficiencia y el valor que aportan, además del precio. En segundo lugar, medir resultados y usar los análisis de datos desde un punto de vista estratégico, convirtiendo los datos en conocimiento y haciendo posible la gestión y planificación basadas en resultados y no en actividad. “Desde el punto de vista de la gestión, la medición de resultados debe estar incluida como un objetivo en los contratos de gestión”, resalta Sedisa.

En tercer y cuarto lugar se sitúan la educación para la salud y las fórmulas de pago innovadoras, como los techos máximos de pago, el pago por resultados, el riesgo compartido, el socio tecnológico, etcétera. En línea con esto se sitúa una apuesta por la colaboración público-privada, tanto en el pago como en la investigación o en la implementación de la innovación.

El resto de claves pasan por considerar la financiación de la innovación como una inversión, y no como un gasto, trabajar por el acceso rápido y equitativo a la innovación, implicar a los pacientes, profesionalizar la gestión sanitaria y, quizá la más compleja de todas, un pacto nacional para poder asumir el gasto. Según Sedisa, “profesionales, directivos, portavoces políticos, industria farmacéutica y pacientes deben crear un pacto nacional para la implementación de la innovación, la calidad, la eficiencia y la sostenibilidad del sistema”.