Pregunta. La letra de médico se lleva la fama, pero estoy ante el máximo exponente de que también existe la “letra de farmacéutico”.
Respuesta. En mi vida se han ido compatibilizando, más mal que bien, la literatura y la ciencia, si bien mi única vocación de pequeño era la curiosidad. Desde niño supe que escribiría novelas, pero, en cambio, no escogí Farmacia por un aspecto sanitario, sino por mi interés por la Efadogía. La Farmacia era esa puerta de entrada a esas otras ciencias.
P. Al final te quedaste en esa puerta.
R. El fallecimiento de mi padre al acabar la carrera tuvo mucho que ver. Había conseguido una beca en Berkeley (California) para mi tesis, pero dada la necesidad económica imperiosa en la familia entré a trabajar en el laboratorio de Kraft en Andoain. Luego, la publicación de mi primera novela coincidió con el acceso de mi mujer a una farmacia. Dejé el trabajo y también me hice titular.
P. Como farmacéutico literato, ¿anhelas esas ilustres tertulias de rebotica de siglos pasados?
R. Me gustaría rescatar las tertulias, en general, las largas charlas sin interés previo ni convenido. Las boticas se han hecho muy administrativas, han reducido sus laboratorios y casi ya ni queda espacio para una mesa camilla. Poco podemos exigir a las farmacias si han cerrado lugares emblemáticos para la conversación como el Café Comercial.
P. “Si no se disfruta, para qué escribir”, aseguras. ¿Por algo así diste por finalizada tu etapa como boticario, tras que la kale borroka —o ETA, tanto montaban—, consiguiese, a la tercera, calcinar tu farmacia en Donosti?
R.Cualquier arte, como es la Farmacia, es placentero. Si no se disfruta, ¿para qué hacerlo? Fue una noche terrible, mas aún pensando en los vecinos del edificio que tuvieron que ser desalojados. Jamás había pensado en una jubilación tan ‘llamativa’, pero cuando sucede algo así, piensas: “acabemos con esto”.
P. Acabó tu etapa como titular, pero no tu implicación en el conflicto vasco a través de su obra literaria.
R. La escritura fue mi refugio y seguí publicando sobre ello.Incluso en Cuadernos secretos habló del ataque. Creo en el compromiso del escritor sin comprometer su escritura, sin tergiversarla.
P. Todo ello para que, citando tu primera novela, ¿Ni héroe ni nada?
R. En esos momentos no piensas si eres una piltrafa o héroe. Solo quieres seguir siendo una persona digna. Y la dignidad es seguir siendo uno mismo cuando serlo es lo que más te puede perjudicar.
P. El fanatismo, ¿enfermedad crónica?
R.En el hombre como especie es incurable. Individualmente, no tiene por qué. Hubo quien dijo que “ante un joven, levanta una bandera, toca el tambor, y conseguirás que salga marcando el paso”. Lo perverso es levantar ciertas banderas y tocar ciertos tambores.
P. Vuelve a tu época de boticario y elabora tu fórmula magistral a aplicar frente a los nacionalismos.
R. Los principales componentes son el sentido común, respetar la inteligencia y los derechos inalienables.
P. Tu que tanto has puesto ‘negro sobre blanco’, ¿qué te gustaría ver así?
R. El topicazo sería aludir a algún tratado mundial sobre la paz, pero lo descarto. Hemos tenido la desgracia de que no existen los extraterrestres. Una invasión externa hubiese sido la única oportunidad de ver a la humanidad unida.
P. Esta no será, ni de lejos, tu primera ni última entrevista sobre Literatura o Farmacia. Por tanto, me gustaría aportar algo ‘nuevo’ a las hemerotecas: hablemos de baloncesto.
R. Jugué en el juvenil del Real Madrid, en la cancha del frontón Fiesta Alegre. Por aquella época podía jugar de pivot midiendo 1,80. Tenía previsto darle a mi nieto la única camiseta que guardo de recuerdo, ¡y resulta que es el del Barça! Siempre he llevado un balón en el coche por si podía ‘echar’ unas canastas.






































