FRANCISCO ROSA Madrid | viernes, 16 de mayo de 2014 h |

Al margen de cualquier interpretación que pueda hacerse en clave electoral, dado que estamos en plena campaña para las europeas, el mensaje que trascendió del encuentro organizado por Cotec con emprendedores fue el ya famoso ‘Yes, we can’ que llevó al poder a Obama y que últimamente ha calado en los movimientos sociales que dirigen sus protestas contra las políticas del Gobierno y la troika a través del ‘Sí se puede’. Y es que, las experiencias de Andrés y Joan Ballesteros, socios-fundadores de Vivia Biotech, y Damià Tormo, fundador de Bioncotech y Artax, llaman al optimismo y animan a las cabezas inquietas a buscar una salida comercial a sus proyectos, ahora que los poderes públicos se han mostrado incapaces de estimular la creación de empleo.

La puesta en marcha de Vivia resulta ser un caso paradigmático del éxito que pueden alcanzar esas mentes creadoras. Por un lado, la de Joan, científico que se fue a ‘hacer las Américas’ y se trajo un proyecto ilusionante bajo el brazo, que se ha hecho posible gracias, en parte, a la mentalidad de negocio de su hermano Andrés. Aunque como dice este último, “a veces no sabemos quién es el científico y quién el financiero”, síntoma de que la vocación emprendedora se les inculcó desde la cuna. El proyecto se concretó en la creación de Vivia, en 2007, una empresa que trabaja en la investigación y el desarrollo de fármacos oncológicos, pero que además ha desarrollado una plataforma tecnológica (Exvitech) que consigue determinar cuál es el tratamiento (abarca un abanico de 2.000 opciones terapéuticas) óptimo para los pacientes con distintos tipos de cáncer hematológico a través del análisis de una muestra de sangre.

El comprador principal de este dispositivo, hasta la fecha, es la propia administración sanitaria, de modo que se pone al servicio de los profesionales una herramienta que ayuda a determinar la eficacia y seguridad de un fármaco, y además, al compararlo con otros, establecer cuál es el más efectivo. “Hay datos que demuestran que en cáncer gastamos más en fármacos que no funcionan que en los que sí, por lo que este dispositivo ayudará a la sostenibilidad del SNS”, explicó Andrés.

Según sus cálculos, el ahorro por paciente/año podría llegar a los 18.000 euros, cumpliendo los mejores presagios de los defensores de la medicina personalizada. La idea de negocio de Vivia consiste en lanzar primero en España, después extenderse por Europa y finalmente dar el salto al mercado estadounidense, que copa, según Andrés, “el 50 por ciento del mercado mundial”, el cual valoró en unos 500 millones de euros.

A la conquista de las ‘big pharma’

Junto a la expansión internacional dentro del ámbito de los sistemas sanitarios, tienen ya acuerdos con cinco biotecnológicas estadounidenses y están en conversaciones con alguna big pharma. En este sentido, lo que ofrecen a los laboratorios es la posibilidad de optimizar sus inversiones en I+D, ya que cuanto antes se abandona un proyecto abocado al fracaso menores son los dispendios innecesarios. Aunque para conquistar el mercado farmacéutico les hacen falta entre tres y cinco millones de euros, que no son fáciles de conseguir debido al conservadurismo de los inversores europeos, poco acostumbrados a la inversión a largo plazo. Pese a ello, reconocen el apoyo de las autoridades españolas y europeas, “clave para llegar a donde hemos llegado”, dijo Andrés. Si todo sale bien, aspiran a facturar en el área de diagnóstico entre 40 y 90 millones a medio plazo, lo cual les hace apetecibles para ser absorbidos por una big pharma, opción que no desechan.

Hasta el momento, esta es una opción que no contempla Tormo, cuyas dos pequeñas bioempresas, Bioncotech y Artax, se dedican a la investigación y desarrollo, máximo hasta la fase II, de medicamentos para las enfermedades oncológicas (BO 110) y autoinmunes (primer fármaco que modula la respuesta inmunitaria a nivel de TCR). Estos se basan en estudios iniciados en el seno del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CNIC), respectivamente, y han recibido, para su desarrollo, ayudas públicas estatales y procedentes de Europa. “Si no hubiéramos puesto en marcha estos proyectos, esas investigaciones hubieran quedado en el cajón”, señaló Tormo, haciendo alusión al déficit de transferencia tecnológica que acusa España.

Asimismo, se refirió a la fortaleza del sistema público de ciencia, sobre todo en investigación básica, del cual beben intensamente los proyectos de Bioncotech y Artax. “No hemos tenido que poner en marcha nuestros propios laboratorios. Preferimos pagar a los centros públicos de investigación y las universidades españoles, que son de buena calidad, y a los que les vienen bien estos recursos”, señaló.

La salida comercial de sus moléculas está clara. Ellos inician la investigación, van despejando dudas, y luego las venden a las grandes farmacéuticas. De ahí que se hayan fijado en la oncología y las enfermedades autoinmunes, áreas que, como indicaba IMS Health en su informe ‘Innovation in cancer care and implications for health system’, estarán en el top-5 a nivel de mercado en los próximos años. “No empezamos un proyecto sin hablar con las farmacéuticas. Por eso hay ya muchas empresas que se han interesado por nuestros productos”, aseguró Tormo. A ese alineamiento contribuye también el hecho de que varios representantes de compañías, como Novartis, Lilly o Amgen, formen parte, a nivel individual, del consejo de administración de Artax.

Visto el éxito de estos emprendedores en la puesta en valor de sus ideas, no es de extrañar que las autoridades y personalidades presentes en el encuentro dedicaran airados elogios a sus fundadores y aprovecharan la atmósfera para lanzar mensajes positivos con respecto a las posibilidades que ofrece España para los emprendedores. Así, la secretaria general de Ciencia, Tecnología e Innovación, María Luisa Poncela, destacó el ecosistema de ciencia español y pidió a las entidades financieras “un mejor alineamiento con las necesidades de estas empresas”. Asimismo, pese a la crisis, reconoció, como habían indicado los emprendedores, la importancia de estimular la compra pública innovadora.

Al margen de cualquier interpretación que pueda hacerse en clave electoral, dado que estamos en plena campaña para las europeas, el mensaje que trascendió del encuentro organizado por Cotec con emprendedores fue el ya famoso ‘Yes, we can’ que llevó al poder a Obama y que últimamente ha calado en los movimientos sociales que dirigen sus protestas contra las políticas del Gobierno y la troika a través del ‘Sí se puede’. Y es que, las experiencias de Andrés y Joan Ballesteros, socios-fundadores de Vivia Biotech, y Damià Tormo, fundador de Bioncotech y Artax, llaman al optimismo y animan a las cabezas inquietas a buscar una salida comercial a sus proyectos, ahora que los poderes públicos se han mostrado incapaces de estimular la creación de empleo.

La puesta en marcha de Vivia resulta ser un caso paradigmático del éxito que puede alcanzar esas mentes creadoras. Por un lado, la de Joan, científico que se fue a ‘hacer las Américas’ y se trajo un proyecto ilusionante bajo el brazo, que se ha hecho posible gracias, en parte, a la mentalidad de negocio de su hermano Andrés. Aunque como dice este último, “a veces no sabemos quién es el científico y quién el financiero”, síntoma de que la vocación emprendedora se les inculcó desde la cuna. El proyecto se concretó en la creación de Vivia, en 2007, una empresa que trabaja en la investigación y el desarrollo de fármacos oncológicos, pero que además ha desarrollado una plataforma tecnológica (Exvitech) que consigue determinar cuál es el tratamiento (abarca un abanico de 2.000 opciones terapéuticas) óptimo para los pacientes con distintos tipos de cáncer hematológico a través del análisis de una muestra de sangre.

El comprador principal de este dispositivo, hasta la fecha, es la propia administración sanitaria, de modo que se pone al servicio de los profesionales una herramienta que ayuda a determinar la eficacia y seguridad de un fármaco, y además, al compararlo con otros, establecer cuál es el más efectivo. “Hay datos que demuestran que en cáncer gastamos más en fármacos que no funcionan que en los que sí, por lo que este dispositivo ayudará a la sostenibilidad del SNS”, explicó Andrés.

Según sus cálculos, el ahorro por paciente/año podría llegar a los 18.000 euros, cumpliendo los mejores presagios de los defensores de la medicina personalizada. La idea de negocio de Vivia consiste en lanzar primero en España, después extenderse por Europa y finalmente dar el salto al mercado estadounidense, que copa, según Andrés, “el 50 por ciento del mercado mundial”, el cual valoró en unos 500 millones de euros.

A la conquista de las ‘big pharma’

Junto a la expansión internacional dentro del ámbito de los sistemas sanitarios, tienen ya acuerdos con cinco biotecnológicas estadounidenses y están en conversaciones con alguna big pharma. En este sentido, lo que ofrecen a los laboratorios es la posibilidad de optimizar sus inversiones en I+D, ya que cuanto antes se abandona un proyecto abocado al fracaso menores son los dispendios innecesarios. Aunque para conquistar el mercado farmacéutico les hacen falta entre tres y cinco millones de euros, que no son fáciles de conseguir debido al conservadurismo de los inversores europeos, poco acostumbrados a la inversión a largo plazo. Pese a ello, reconocen el apoyo de las autoridades españolas y europeas, “clave para llegar a donde hemos llegado”, dijo Andrés. Si todo sale bien, aspiran a facturar en el área de diagnóstico entre 40 y 90 millones a medio plazo, lo cual les hace apetecibles para ser absorbidos por una big pharma, opción que no desechan.

Hasta el momento, esta es una opción que no contempla Tormo, cuyas dos pequeñas bioempresas, Bioncotech y Artax, se dedican a la investigación y desarrollo, máximo hasta la fase II, de medicamentos para las enfermedades oncológicas (BO 110) y autoinmunes (primer fármaco que modula la respuesta inmunitaria a nivel de TCR). Estos se basan en estudios iniciados en el seno del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CNIC), respectivamente, y han recibido, para su desarrollo, ayudas públicas estatales y procedentes de Europa. “Si no hubiéramos puesto en marcha estos proyectos, esas investigaciones hubieran quedado en el cajón”, señaló Tormo, haciendo alusión al déficit de transferencia tecnológica que acusa España.

Asimismo, se refirió a la fortaleza del sistema público de ciencia, sobre todo en investigación básica, del cual beben intensamente los proyectos de Bioncotech y Artax. “No hemos tenido que poner en marcha nuestros propios laboratorios. Preferimos pagar a los centros públicos de investigación y las universidades españoles, que son de buena calidad, y a los que les vienen bien estos recursos”, señaló.

La salida comercial de sus moléculas está clara. Ellos inician la investigación, van despejando dudas, y luego las venden a las grandes farmacéuticas. De ahí que se hayan fijado en la oncología y las enfermedades autoinmunes, áreas que, como indicaba IMS Health en su informe ‘Innovation in cancer care and implications for health system’, estarán en el top-5 a nivel de mercado en los próximos años. “No empezamos un proyecto sin hablar con las farmacéuticas. Por eso hay ya muchas empresas que se han interesado por nuestros productos”, aseguró Tormo. A ese alineamiento contribuye también el hecho de que varios representantes de compañías, como Novartis, Lilly o Amgen, formen parte, a nivel individual, del consejo de administración de Artax.

Visto el éxito de estos emprendedores en la puesta en valor de sus ideas, no es de extrañar que las autoridades y personalidades presentes en el encuentro dedicaran airados elogios a sus fundadores y aprovecharan la atmósfera para lanzar mensajes positivos con respecto a las posibilidades que ofrece España para los emprendedores. Así, la secretaria general de Ciencia, Tecnología e Innovación, María Luisa Poncela, destacó el ecosistema de ciencia español y pidió a las entidades financieras “un mejor alineamiento con las necesidades de estas empresas”. Asimismo, pese a la crisis, reconoció, como habían indicado los emprendedores, la importancia de estimular la compra pública innovadora.

La farmacéutica alemana Bayer ha detectado un nicho de oportunidad en el emprendimiento y ha inaugurado en Berlín su segunda incubadora de empresas biotecnológicas, bajo el nombre de ‘CoLaborator’. Con esta iniciativa, el laboratorio con sede en Leverkusen ofrece espacios para el desarrollo y la investigación de jóvenes proyectos en el ámbito de las ciencias de la vida. “Este centro promoverá el intercambio de conocimientos y experiencias entre los principales investigadores internacionales en la ciudad y ayudará a las empresas a poner en práctica sus ideas”, dijo el alcalde de Berlín, Klaus Wowereit.