carlos b. rodríguez Madrid | lunes, 05 de enero de 2015 h |

Durante años, los expertos han alertado de los efectos negativos derivados de la creciente red de países que utilizan el Sistema de Precios de Referencia Internacional (SPRI) para controlar su gasto farmacéutico. Las conclusiones de un informe elaborado por RAND Europe, organización sin ánimo de lucro, debería tranquilizar a los críticos con este sistema. De sus conclusiones no se infiere que el cambio en los precios de un país tenga una gran influencia sobre los de otro. Al contrario, la evidencia rescatada a través de una comparativa en seis países (entre ellos España) sugiere que dicho impacto es “mínimo o indirecto”, principalmente debido a la variabilidad con que cada país implementa esta herramienta.

El informe tiene su origen en la inquietud generada en Reino Unido, que desde hace meses está inmerso en un proceso de negociación entre la Administración y la industria farmacéutica para adoptar nuevos acuerdos en relación a los precios de medicamentos de marca. Dado que los precios británicos se encuentran entre los más referenciados del mundo, parecía necesario determinar, antes de acordar un nuevo sistema, el impacto de los precios de referencia internacional.

La mayoría de los países del estudio fueron escogidos en base al tamaño de su mercado farmacéutico en Europa: Francia (que en 2010 copaba el 17,8 por ciento de las venta globales entre 31 estados miembro); Alemania (17,6 por ciento); Italia (13) y España (9,7 por ciento). Aunque el tamaño de Países Bajos es pequeño (3 por ciento de las ventas en 2010) está incluido por ser uno de los países que más referencian los precios británicos. Canadá se incluyó por la misma razón.

Impacto, sí…

Evidentemente, el sistema de precios de referencia internacional tiene un impacto. Cada país que participa de este mecanismo tiene una cesta, que varía en el número y composición de países que la forman: los hay, como Francia o Países Bajos, que solo tienen en cuenta los precios de cuatro países; los hay, como Canadá, que tienen en cuenta siete; o los hay, como España, que consideran los precios de más de 20 (si bien los comparadores varían en función del medicamento que se trate).

El impacto de un cambio en el precio de un fármaco viene determinado además por el país que lo haya llevado a cabo, pues no todos influyen por igual. La preocupación en Reino Unido existe porque los precios británicos se encuentran entre los más referenciados, junto con los alemanes, los españoles y los franceses. En el año 2007, los mercados que referenciaban los precios británicos sumaban aproximadamente el 25 por ciento de las ventas farmacéuticas a nivel mundial, mientras que el mercado farmacéutico británico, por si solo y pese a ser el quinto más grande de Europa (8,9 por ciento), representa únicamente el 3 por ciento de las ventas globales.

La alerta lanzada por la Oficina de Comercio británica sobre el ‘efecto cascada’ que podían ocasionar las políticas de precios de Reino Unido vino confirmada por otro país, Alemania, también frecuentemente referenciado.

La evidencia registrada demuestra que una reducción de un euro en el precio marcado por Alemania para un medicamento reduciría entre 0,27 y 0,29 euros el precio en Países Bajos; entre 0,21 y 0,23 euros en Irlanda y en 0,07 el precio en Austria. Sin embargo, ya que la cesta austríaca también referencia a Países Bajos e Irlanda, los precios en Austria caerían 0,08 euros adicionales, de manera que el impacto acumulado del cambio alemán reduciría en 0,15 euros el precio de Austria.

Confirmado este punto, los autores del informe de RAND entienden que el impacto del SPRI debe tener también en cuenta otras variables, que van mucho más allá de los cambios en la composición de la cesta de cada país, y que en el fondo determinan un mecanismo extremadamente difícil de medir.

… Pero mínimo

La primera de esas variables la constituye el hecho de que el Sistema de Precios de Referencia Internacional es solo una de las múltiples herramientas que los estados utilizan para controlar su gasto farmacéutico, y que además incluyen precios máximos, negociaciones, rebajas, subastas, controles de beneficios… Cada política marca una desviación en el impacto del SPRI.

La segunda la constituye el propio sistema, que cada estado ha modelado en función de sus criterios o sus necesidades (ver cuadro): para empezar, no siempre el sistema sirve para dibujar un perfil de precios en países con similares connotaciones económicas y/o próximos a nivel geográfico. Además, no todos utilizan los precios internacionales para gestionar mejor el coste de la innovación farmacéutica. Países Bajos, por ejemplo, los aplica a todos los fármacos de prescripción. Además, la gran mayoría utiliza la noción de ‘innovación’ como elemento determinante del sistema, aunque la interpretación de lo que es ‘innovación’ varía. En general todos tienen en cuenta el grado en el que un determinado fármaco mejora los resultados en salud, pero su coste y su impacto presupuestario es tomado en cuenta por Italia, Países Bajos o España.

A ello se suman cambios en el cálculo del precio de referencia y la propia relevancia que se otorga al mecanismo. Por ejemplo, el Gobierno francés solo aplicó el Sistema de Precios de Referencia Internacional para el 8 por ciento de los nuevos medicamentos que introdujo en el mercado entre 2007 y 2011. Mientras, aproximadamente el 80 por ciento de los nuevos medicamentos introducidos en el mercado farmacéutico español se vieron afectados por los precios de otros países.

Una reducción de un euro en un precio alemán baja el precio entre 0,27 y 0,29 euros en Países Bajos

Francia aplicó el SPRI al 8% de los nuevos fármacos entre 2007 y 2011, mientras que España lo aplicó al 80%