El nuevo presidente de Farmaindustria, Antoni Esteve (Barcelona, 1958), tiene varios retos por delante. El primero de todos, el de convivir con el legado de Elvira Sanz. Los logros de la presidenta y directora general de Pfizer al frente de la patronal dejan a este el listón muy alto. Principalmente, en lo que tiene que ver con la gestión de las relaciones con la administración en momentos complejos, una habilidad que le reconoció la propia ministra de Sanidad, Ana Mato, durante la asamblea extraordinaria del pasado 28 de octubre.
La experiencia de Esteve le avala para asumir el cargo con plenas garantías. El actual director del laboratorio catalán, que actúa en representación del grupo de empresas españolas, lleva en la industria del medicamento más de 30 años. Asimismo, cabe recordar que ya ostentó la presidencia de la patronal entre 2006-2008. Por aquel entonces, eso sí, la crisis no se había desencadenado. Sus consecuencias no se notaron con total plenitud hasta la etapa de Jordi Ramentol, que tuvo que adoptar una posición más dura en pleno vendaval de decretos.
Ahora los frentes abiertos para Esteve no son pocos. Muchos de ellos quedaron definidos durante la asamblea. Uno de ellos será el de hacer presión para conseguir una mayor cohesión en la prestación farmacéutica, una reivindicación muy repetida en el último tiempo por la industria, que se siente perjudicada por los problemas de equidad entre las distintas comunidades autónomas. En esta misma línea, será preciso, como reconoció la propia ministra, avanzar en la implantación de los informes de posicionamiento terapéutico (IPT), y acabar con la variabilidad en la evaluación, pese a que hay varias regiones que han asegurado que piensan seguir con sus prácticas propias en este ámbito.
Junto a estas cuestiones, el nuevo presidente tendrá que velar porque las centrales de compras no menoscaben los principios sobre los que se asienta la industria y tendrá que defender la marca como símbolo de la innovación. Aunque si de algo está pendiente el sector en estos momentos es del acuerdo para acompasar gasto y PIB, y del decreto de precio y financiación. Sobre el primero ya se habla en páginas anteriores. Sobre el segundo, solo se conocen los pronósticos fallidos de Agustín Rivero. En todo caso, lo que está claro es que a través de él se van a marcar las líneas para el reconocimiento de la innovación en los próximos años.
Para abordar estas cuestiones con éxito, ha quedado claro que el nuevo presidente tendrá que jugar bien con la mezcla de cordialidad y exigencia. Para ello, además, necesitará el apoyo de todo un sector que, a priori, parece confiar en que Esteve es, dentro de los actores nacionales, el más indicado para liderar a la industria en este proceso.
Durante la asamblea, ese apoyo se sintió más allá del mero depósito de las papeletas. Los representantes de las distintas compañías buscaban al nuevo presidente por los pasillos para felicitarle y estrechar su mano. Este además lanzó una frase en su intervención muy significativa, con la que despejó posibles dudas sobre la orientación de su mandato: “El interés del sector es el interés de la industria nacional”.






































