Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’ | viernes, 07 de junio de 2013 h |

¿Qué sector vinculado al medicamento está muy agradecido a Pilar Farjas por la labor callada que la secretaria general ha hecho en su defensa?

¿Qué gran as tienen en la manga Carmen Peña y Antonio Abril para frenar definitivamente la liberalización que plantea parte del equipo económico del Gobierno?

¿Qué informe demoledor desmiente uno por uno todos los argumentos que emplean los liberalizadores?

¿Es motivo de sanción por parte del Ministerio de Sanidad a la Consejería de Salud de Andalucía el desabastecimiento de algunos productos que se ha producido allí por culpa del subastazo?

La tormenta perfecta prosigue su avance sobre el sector farmacéutico. En la misma semana en la que uno de los laboratorios más emblemáticos de España, Esteve, anunciaba un ERE para un máximo de 225 empleados (el primero de toda su historia), tras registrar unas pérdidas de 56 millones de euros en 2012, la CE se descolgaba con una “recomendación” para nuestro país que, en caso de ejecutarse, golpearía el corazón de la industria y abocaría al sector a una dramática reordenación de efectivos no vivida hasta ahora. Olli Rehn y sus colegas de Bruselas alertan de que la sostenibilidad del sistema sanitario es precaria y para paliarlo aconsejan meter la tijera en el gasto farmacéutico hospitalario. Ya cuando la UE pone la mirada en la diana al final el dardo acaba siempre llegando a ella. La cuadratura del círculo se produce cuando la CE remarca la necesidad de mantener la accesibilidad de los colectivos más vulnerables. ¿Cómo se concilia eso? ¿Cómo podrían beneficiarse los pacientes de las nuevas e innovadoras terapias que llegan para algunas patologías si los hospitales pueden verse en la obligación de retrasar su incorporación o aparcarla en beneficio de tratamientos más baratos pero menos eficaces? La respuesta al dilema no figura en la evaluación del Programa Nacional de Reformas y del Programa de Estabilidad que ha formulado España, pero la situación que se produce de facto en los centros de algunas autonomías respecto a varias moléculas nuevas y las recomendaciones de las autoridades europeas apuntan por dónde van a ir los tiros a partir de ahora. A muchos laboratorios deberán reajustarse o morir si las autoridades no ceden. Y no parece que vayan a hacerlo.

La contención del gasto hospitalario es una de las necesidades de la Sanidad en España. Con unas herramientas de información muy deficientes y sin contabilidad oficial real del impacto económico que suponen los fármacos que no siguen el circuito de la primaria, los servicios de salud se encuentran desarmados para acometer cualquier racionalización lógica del gasto en este terreno. Fruto de ello son las iniciativas esporádicas que surgen en algunas autonomías. Se trata de parches para tapar agujeros. Nada más. Las autoridades tienen aquí margen para acometer nuevos ajustes y las recomendaciones de Bruselas no son más que una invitación a que lo hagan. Lo importante es que no las tomen como una orden categórica, sino como una propuesta para eliminar posibles bolsas de ineficiencia, que las hay, pero con mesura. El ERE de Esteve y el que protagonizan otros laboratorios son muestras de la debilidad del sistema. Las autoridades no deben olvidar tampoco que a la vez que inductores del gasto, los laboratorios son financiadores de la Sanidad, al soportar demoras en los pagos muy por encima de lo razonable.