Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’ | viernes, 17 de mayo de 2013 h |

¿Saben ustedes qué conocido médico tiene su chalet de la sierra una histórica mesa de billar que pertenecía a una conocida clínica?

¿Qué multinacional ha estado a punto de crear un cisma en Farmaindustria hace semanas?

¿Qué facturas sobre actividades lúdicas por importes escandalosos persiguen a un ex presidente de la Organización Médica Colegial (OMC)?

¿Qué importantes cambios se avecinan en un futuro más o menos próximo en la Asociación Española de Derecho Sanitario (Aeds)?

Con un juego de símiles y metáforas podemos comparar la crisis económica con un negro nubarrón y, por extensión, decir que su acción sobre las farmacias es “la tormenta perfecta”. Tras años de relativa bonanza, en los que la adquisición de locales y licencias se amortizaban con cierta seguridad en un plazo medio, el huracán hace ahora tambalear a las boticas tras una creciente gota fría que ya amenazaba con llevarlas al precipicio desde la etapa socialista. El último informe de Antares Consulting para Cofares describe con precisión la situación. Mientras el PIB en el conjunto del país cayó poco más del 1 por ciento en 2012, “año negro” para la economía española, la facturación por recetas de las boticas se desplomó una media del 12,3 por ciento. El goteo de medidas de contención del gasto en medicamentos ha calado en un conjunto de profesionales a los que la Administración despojó del chubasquero. Los precios de referencia, la desfinanciación de más de 400 medicamentos, las tasas medias de 35.000 euros por farmacia y año, la dispensación hospitalaria de fármacos que antes no tenían tal consideración, los impagos, la subida de los impuestos convencionales… Carlos González-Bosch lo dejó claro al presentar el informe económico sobre la situación del sector, aunque creo que pudo quedarse hasta corto: en estos momentos un 15 por ciento de las farmacias están en riesgo económico evidente. Diría más: o la situación cambia radicalmente o están abocadas a la quiebra. Y el problema no es solo ese. Dentro de poco el número será mayor, porque el calado de muchas medidas es estructural y la presión de las administraciones sanitarias va a redoblarse Este y el próximo año para contener el déficit, lo que incorporará al sistema una nueva vuelta de tuerca de ajustes. ¿Inasumibles para el sector? Parece que esta vez, sí.

El mundo farmacéutico, como el de la industria farmacéutica, debe reaccionar. Durante años juega el partido en el terreno equivocado. El sector sanitario se le queda corto para lanzar sus mensajes de defensa y tiene que salir al exterior para proponer ideas, exponer necesidades y divulgar la importancia de las actividades sanitarias que realiza. No basta Ana Mato, Pilar Farjas y Agustín Rivero. Hay que ir más allá. Poco o nada les llega, por ejemplo, sobre este tipo de acciones a Luis de Guindos y el equipo liberalizador de Economía. Ni a Cristóbal Montoro. Los planes de pago a proveedores deben ser tan importantes para las boticas como lo son en el marco sanitario los precios menores o la política de genéricos del ministerio. Sin este salto de calidad y sin interlocución con las consejerías autonómicas de Hacienda, las farmacias serán otros agentes vinculados con el medicamento, verdadero pasto de las medidas de ajuste y de la contención. Y el futuro será aún más negro.