¿Qué compañía de seguros vive momentos convulsos desde el punto de vista financiero pese a que su cuenta de resultados es aparentemente positiva?
¿Qué dos compañías abandonarán Muface el 1 de enero casi con total seguridad?
¿Por qué quieren las compañías farmacéuticas Menarini y Farmasierra seguir el código ético de Aneph para los productos de no prescripción?
¿Qué sociedad científica de primaria regida por un sátrapa ha perdido ya todo el apoyo de la industria salvo el de algunas compañías que están en la inopia?
Aunque el impacto de la crisis económica suponga una eximente, Ana Mato debe dar una vuelta de tuerca a la política farmacéutica que despliega su departamento. Sanidad ha logrado hasta ahora cumplir con creces sus objetivos de ahorro y ha innovado donde nadie se atrevía. Experimentar por el lado de la demanda de medicamentos no es fácil, y hay que tener arrestos para hacerlo, porque cualquier decisión en este sentido acarrea una lluvia de críticas y una pérdida equivalente de votos. Pero con eso no basta. En el SNS subsisten las inequidades y empieza a producirse un menosprecio tácito y explícito a la innovación que el ministerio no debe consentir ni alentar. Desde este punto de vista, no solo resulta incomprensible que el departamento de Mato contemple adormecido las iniciativas autonómicas que bloquean la llegada a los hospitales de nuevos fármacos, sino que, en un alarde de incongruencia, cuestione dichas innovaciones tras haberlas aprobado él mismo y someterlas a toda suerte de abigarrados trámites burocráticos por lo que se ve, ahora, aparentemente inútiles.
Aunque inapropiadas por el cargo que ocupa, las palabras del subdirector general Carlos Lens adelantan una verdad incuestionable: la falta de recursos está ejerciendo sobre la autoridad central una presión desproporcionada que deja sentir su peso, como revelan las declaraciones de este alto cargo, en el celo adoptado con algunos productos o en el lamentable retraso que se está produciendo en la Aemps a la hora de efectuar las aprobaciones. Con toda la razón, aunque obviando en sus explicaciones que parte de este desaguisado es consecuencia de una gestión nefasta de la economía que ha llevado a la Sanidad a la bancarrota, José Martínez Olmos se queja de que hay decenas de medicamentos durmiendo el sueño de los justos en espera de recibir el plácet, aguardando ya plazos que superan los dos años. El asunto es grave, como desvelan a su vez las críticas de la Sociedad Española de Oncología, porque algunas terapias que esperan para acceder al mercado mejorarían la vida de los enfermos. ¿Qué puede hacer Sanidad ante esta situación? Hablar menos y actuar. Si lo que dice es cierto, Lens es copartícipe del desaguisado de aprobar placebos, por lo que debería dejar su cargo. Si es falso, debería ser más cauto a la hora de formular opiniones y el ministerio tendría que agilizar los trámites de aprobación de nuevas moléculas. Como hay más colores que el blanco y el negro, se imponen tonos más neutros. Quizá por eso Agustín Rivero haya optado por deslizar los nuevos procedimientos de riesgo compartido que ya rigen en parte de Europa. Si la Administración no tiene dinero y duda del coste efectividad de un nuevo producto, habrá de someterlo a prueba, como ocurre con los trabajadores que acceden a un empleo.






































