Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’ | viernes, 24 de mayo de 2013 h |

¿Qué colegio oficial de farmacéuticos de la zona de Levante podría ser clave a la hora de frenar la ofensiva liberalizadora de las oficinas de farmacia que ha desatado el Ministerio de Economía? ¿Por qué?

¿Qué ministerio sostiene aún de forma tajante que dicha liberalización es petición directa de Bruselas?

¿Qué carta incendiaria de un asociado provocó estupor en una patronal del sector?

¿Qué conocido miembro de la industria elogia la iniciativa ‘Pharma Talents’ de Andreas Abt y se pregunta: “¿Por qué no se nos ocurrió a nosotros algo así?”?

Los datos del déficit público registrado en España hasta el mes de marzo son una noticia esperanzadora para el sector, un oasis en medio del desierto de la crisis. Con todas las precauciones posibles, y teniendo presente que aún restan nueve meses muy duros de contracción económica, las estadísticas de la contabilidad nacional apuntan a que los ajustes estructurales que pusieron en marcha las administraciones el pasado ejercicio están produciendo efecto, al contenerse el gasto y crecer algo los ingresos. Dicho en cristiano: el hecho de que todas cerraran marzo con un desfase de solo el 1,4 por ciento, y de que las autonomías consiguieran incluso rebajarlo al 0,12 por ciento, con ocho obteniendo superávit, indica que los sacrificios pasados están surtiendo efecto al ser estructurales y que se llega a un punto de no retorno en el que serían innecesarias nuevas medidas salvajes de contención más allá de las que ya se aplican, al lograrse los objetivos pactados con Bruselas.

A efectos prácticos, la contención del déficit implica duros sacrificios para el sector sanitario, cuya actividad genera casi un 25 por ciento del gasto público. Sin embargo, tiene como efecto benéfico un equilibrio contable que, por ejemplo, reabre a las administraciones la puerta de los mercados financieros, generándose liquidez para afrontar pagos y ejecutar holgadamente los presupuestos. ¿Quiere decir que médicos, farmacéuticos, distribuidores y laboratorios pueden lanzar ya las campanas al vuelo y festejar por todo lo alto el fin de las draconianas medidas de ahorro? No. De hecho, las autonomías y el propio Gobierno están preparando o ejecutando nuevas iniciativas tendentes a la contención del gasto para cuadrar definitivamente las cuentas. Salvado, sin embargo, este duro escollo, es previsible suponer que, en caso de no producirse desequilibrios sorprendentes a mitad del ejercicio, la Sanidad podrá trabajar a partir del próximo año en un escenario de previsibilidad, lo que no ha sucedido hasta la fecha. Con una perspectiva de ganancias muy baja, lo lógico será por tanto, sembrar para crecer de nuevo a partir de 2015, dentro de un entorno, además, en el que se espera que el crecimiento del PIB favorezca una mayor demanda interna y, por consiguiente, un aumento de los ingresos impositivos para las administraciones públicas.

Tan importante como esto para la Sanidad es el debate sobre la llamada financiación asimétrica. De la holganza a la hora de cumplir el déficit que Hacienda permita a las autonomías grandes dependerá muy mucho la intensidad de la vuelta de tuerca a los ajustes que están preparando las administraciones. El ejemplo es claro: si a Cataluña se le permite un déficit por encima del 2 por ciento, es fácil suponer que los obstáculos para la llegada de nuevos medicamentos a sus hospitales serán menores.