Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’ | jueves, 11 de octubre de 2012 h |

Han finalizado las grandes guerras de hace apenas unos meses, pero varios fuegos siguen activos

¿Qué razón real ha llevado a Farmaindustria a suavizar su presión sobre el ministerio ante el retraso en la llegada al mercado de nuevos fármacos?

¿Por qué no se comportan homogéneamente las autonomías a la hora de consignar en sus bases de datos los productos desfinanciados?

¿Qué tiene previsto hacer Farmaindustria con los laboratorios que cambian de grupo sin razones justificadas?

¿Qué estrategia de la industria en una autonomía socialista con sociedades científicas y asociaciones de pacientes no va a dar su fruto? ¿Por qué?

A expensas de la nueva oleada de ajustes que podría derivarse de la recepción de ayuda exterior por parte de España, la industria vive en estos momentos lejos de los días felices de antaño. Han finalizado las grandes guerras de hace apenas unos meses, pero varios fuegos siguen activos y no tienen visos de extinguirse, al margen del decrecimiento de dos dígitos en la factura farmacéutica de primaria. El de la central de compras es uno de ellos. Como era previsible, el ministerio apuesta por incluir en el paquete moléculas hospitalarias y de gran consumo, en un proceso que se hará por principio activo y a una sola vuelta, sin posibilidad de repesca posterior. Hasta ahí, lo lógico, porque en el Paseo del Prado ha surgido la ocurrencia inesperada de que una vez puestos, se podrían crear los temidos jumbos, lo que constituiría un golpe en la línea de flotación de numerosas compañías. Le espera, pues, un trabajo duro a Farmaindustria durante las próximas semanas. Más leña a este fuego la echa, cómo no, Andalucía, que va por libre. María Jesús Montero apostará también por una compra centralizada mediante dichos equivalentes terapéuticos o jumbos, y entre los productos afectados se encontrarán previsiblemente algunos biológicos para la artritis, el interferón o la hormona del crecimiento. Si no hay cambio de planes, el concurso se convocará en noviembre o, como muy tarde, en diciembre, y habrá un único adjudicatario por lote.

Pero el que piense que aquí acaba la cosa, se equivoca. Valencia, por ejemplo, planea que todos los productos biológicos para la psoriasis o la artritis reumatoide bajen su precio alrededor de un 5 por ciento. Luis Rosado pretende también arbitrar un sistema para que solo se paguen las terapias que demuestren eficacia. ¿Lo hará unilateralmente su comunidad o lo articulará a través del ministerio? La idea entronca con los obstáculos que pone ya el Paseo del Prado a la llegada al mercado de nuevos medicamentos. A la vista de que varios de los productos candidatos a acceder al sistema apenas aportan ventaja terapéutica alguna y apenas constituyen meras extensiones de lo ya existente, el ministerio estudia la posibilidad de elaborar informes de utilidad terapéutica posteriores a la aprobación técnica propiamente dicha, pero anteriores al paso por la comisión de precios. Esta exigencia farmacoeconómica podría ser la estocada para varias compañías que no cuentan con verdaderas innovaciones en su cartera de futuros productos.

También conviene aludir aquí a los productos desfinanciados. La batalla aquí es particularmente interesante, porque el ministerio y el propio PSOE están poniendo toda la carne en el asador para que todos aquellos que han dejado de reembolsarse no suban de precio, frente a la postura contraria de Farmaindustria y de la Asociación Nacional de Especialidades Farmacéuticas Publicitarias. No está claro tampoco qué pasará con los fármacos que tienen algunas indicaciones reembolsadas, aunque los laboratorios afectados tienen todas las de perder, pues el ministerio quiere que los precios libres sean inferiores a los actuales.