El estado de las cuentas es tan negro que se producirá una avalancha de peticiones de ‘tique moderador’
¿Qué patronal ha contratado a Analistas Financieros Internacionales y a Emilio Ontiveros para negociar fórmulas de adelanto del pago de las deudas con las autonomías?
¿En qué comunidad la retirada de varias entidades financieras frustró la operación de confirming de 328 millones que estaba preparándose?
¿Qué comunidad negocia por su cuenta con los laboratorios unos rappels adicionales antes de que acabe el año, y les pide que renuncien además al cobro de los intereses de demora?
¿Qué información le ha pedido Sanidad al Consejo de Estado sobre los precios de referencia?
Lamento disentir de los que acusan a Artur Mas y a Boi Ruiz de sobrepasarse con los recortes en Cataluña. A mi entender, es posible incluso que se hayan quedado cortos. La justificación de tal aserto es el colosal agujero en las cuentas públicas que heredó CiU del polémico tripartito, y que, desgraciadamente, podría tener correlación a nivel nacional, cuando se complete el traspaso de poderes entre el PSOE y el PP. Alberto Núñez Feijóo, el hoy presidente de la Xunta de Galicia que en la etapa de José Manuel Romay Beccaría como ministro de Sanidad presidió el Insalud, y que algo sabe de Sanidad, ya ha ofrecido un avance de por dónde irán los tiros, en espera de que se pronuncie de forma definitiva el Servicio de Intervención del Ministerio de Economía. Según el líder gallego, cuando el gobierno de Mariano Rajoy tome posesión se va a encontrar no con 15.000 millones de euros de deuda sanitaria, como se decía hasta ahora, sino con 18.000 millones de euros, lo que equivale más o menos a 500 euros por cada españolito de a pie. Si a esto le sumamos el déficit público reconocido ya por Elena Salgado, y el oculto que aún no ha trascendido pero que vienen apuntando desde hace meses los servicios de estudios de las entidades financieras y los principales organismos internacionales, nos daremos cuenta de la dimensión de la tragedia, del mal que hecho la política económica del Gobierno al país, de la insensatez del Ministerio de Sanidad, y de la dura tesitura en la que se va a encontrar el nuevo Gobierno para enderezar el rumbo.
El esquema es sencillo: a más deuda de las administraciones públicas, más duros tendrán que ser los sacrificios para pagarla, pues es obligado hacerlo. Dicho de otra forma: si el ejecutivo socialista no hubiera dejado las cuentas como las va a dejar, no haría falta recorte alguno. Decir lo contrario, como tratan de hacer los progres de salón, postulantes ya sin cargo y vocingleros varios, es faltar a la verdad y tratar de engañar de nuevo al país, como ya hizo el Gobierno al negar primero la existencia de la crisis y al restarle importancia después. Porque en España no hay brotes verdes ni amarillos: se ha quedado hecha un solar.
¿Con un déficit superior al 6 por ciento, cómo pagar por ejemplo los más de 10.000 millones de euros que se adeudan solo a proveedores y a laboratorios? ¿Cómo pueden ponerse en pie hospitales megalómanos, como los de Oviedo y Toledo, si la deuda sanitaria rondará este año los 18.000 millones de euros? Desgraciadamente, hay que restar de muchas partidas para pagar lo que se adeuda con lo ahorrado. Por eso, apunto aquí que cualquier medida que se adopte será escasa, y vaticino que el PP no va a tener más remedio que incumplir su promesa, seguir a Cataluña e instaurar una suerte de copago o ‘tique moderador’ en todo el país. El estado de las cuentas es tan negro, que en breve se producirá una avalancha de peticiones en tal sentido por parte de todas las comunidades autónomas por parte de los consejeros de Sanidad y de Hacienda. Tiempo al tiempo.






































