¿Le está llegando información a Luis De Guindos sobre la ampliación de la cartera de servicios de la farmacia en estos momentos cruciales para el sector?
¿Qué dircom de la nueva hornada de la industria ha tardado menos de dos semanas en diseccionar a la perfección los lastres que arrastra el sector?
¿Qué dircom masculino también fue determinante para que hubiera respuesta al programa que emitió Salvados (La Sexta) bajo el título de ‘Sobremedicados’ ?
¿Qué papel puede jugar la Clínica de Navarra en la gestión de alguno de los hospitales externalizados de Madrid?
El sector sanitario y, más concretamente, el farmacéutico, gozan de un aliado de primera fila en el Gobierno. Aunque pueda no parecerlo por su escasa querencia a aparecer en actos públicos o en medios de comunicación, Ana Mato está siendo un bastión fundamental en la defensa del modelo mediterráneo y en la interlocución con algunos de los verdaderos poderes fácticos de la Sanidad. Mato ha sido determinante para que muchos de los ajustes económicos negociados con Bruselas no golpearan de lleno al sector, algo de lo que todavía no parece ser consciente este último. Es cierto que se ha endurecido la política farmacéutica, que hay precios de medicamentos por debajo de mercado, que las boticas tardan muchos meses en cobrar y que se ha instaurado un copago que antes no existía, pero les puedo asegurar que con un titular de la cartera políticamente más débil ante Moncloa, la embestida contra el déficit hubiera golpeado con mayor virulencia a los agentes que configuran la cadena de la Sanidad.
La semana del 26 de abril, por ejemplo, Mato peleó duro con parte del núcleo económico del Gobierno en Moncloa para salvar a las farmacias de una quema que no pide Bruselas ni impone el sentido común de la reducción del gasto. Sus negociaciones casi permanentes con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría en este sentido resultan determinantes. Aunque finalmente no hubo aprobación de la Ley de Servicios Profesionales ese viernes, posponiéndose para más adelante, la ministra seguirá dando la batalla porque desligar la propiedad de la farmacia del farmacéutico es un golpe mortal para esta profesión. Mato defiende las políticas liberalizadoras, pero con matices y salvaguardas para colectivos vulnerables, como es el caso. Parte de Moncloa entiende el mensaje transmitido por la ministra de que el PP saldría perdiendo al echarse encima a este sector, tradicionalmente conservador, por una medida que no reportaría ventaja al país. Sería crearse enemigos de forma innecesaria en un momento en el que arrecian las protestas ciudadanas y en el que ciertos sectores tratan de incendiar la Sanidad desde dentro, alentando el enfado profesional y el malestar ciudadano. ¿Quiere decir todo esto que no habrá liberalización de las farmacias en la nueva ley? No, porque los partidarios de dicha iniciativa en el Gobierno gozan también de gran influjo ante la vicepresidenta y ante Mariano Rajoy. No obstante, si me piden mi opinión, les diré que no creo que la reforma prospere y vaya hacia delante. Creo que es más factible una modificación del modelo retributivo de la oficina de farmacia que dejarla en manos de sociedades u otro tipo de licenciados. Pese a su imagen silenciosa, Mato se está erigiendo en una buena ministra de Sanidad, y su conocimiento del sector provocaría la sorpresa de más de un incrédulo.






































