J. Ruiz-Tagle Madrid | viernes, 05 de febrero de 2016 h |

La timba de póquer ha comenzado y cuatro son los tahures sentados alrededor de un tapete en el que tienen la mirada fija los partidos nacionalistas. El Rey, Felipe VI, ha elegido a Pedro Sánchez para llevar la voz cantante en una partida donde saldrá la sanidad que tendrán los españoles durante (quizá) los cuatro próximos años. Durante las horas previas, los jugadores han marcado una serie de cartas con el rótulo de ‘innegociable’. Pero las reglas de este tipo de partidas son maleables y lo que a priori son ‘cordones sanitarios’ y vetos a la totalidad evolucionan para dejar paso al posibilismo. El PSOE de Sánchez no quiere dejarse fagocitar por Podemos; la formación morada no quiere ni oír hablar de Ciudadanos; Albert Rivera cederá para evitar nuevas elecciones y el Partido Popular pondrá un precio alto a su abstención, pero un precio al fin y al cabo.

PSOE + Podemos + Ciudadanos

La primera apuesta que ha realizado Pedro Sánchez ha sido “mirar a izquierda y derecha”. Si la jugada le saliese bien y consiguiera llevar a su terreno a Podemos y Ciudadanos, la legislación sanitaria sufriría diversos cambios. El primero de ellos sería el Real Decreto-ley 16/2012. El PSOE y la formación de Pablo Iglesias piden su derogación y, aunque Rivera nunca lo ha pedido, tampoco sería un escollo insalvable. La situación resultante sería una vuelta a la legislación del 9/2011 con un horizonte plagado de normas por desarrollar o refrendar. El pacto de estabilidad con la industria no tendría futuro en este acuerdo de gobierno porque los tres partidos han afirmado que no lo comparten. El Real Decreto de Precio y Financiación podría desbloquear uno de los problemas farmacéuticos más polémicos durante los últimos cuatro años: las subastas de medicamentos. Si bien el PSOE y Sánchez lo han defendido, no es menos cierto que los precios seleccionados fueron ideados por el gobierno de Zapatero. Un desarrollo de esta norma para sustituir a las actuales subastas sería apoyado por el resto de formaciones. No en vano, hasta el propio consejero de Salud de Andalucía ha abierto la puerta para olvidar su aventura farmacéutica.

Otro de los aspectos que entrarían en juego sería el papel del Consejo Interterritorial. Situaciones como la vivida con el Real Decreto de Prescripción Enfermera evidencian que los acuerdos en estas reuniones deberían ser vinculantes. Así lo pide Ciudadanos y es un aspecto al que tanto PSOE como Podemos se sumarían.

PSOE+Podemos+IU+PNV y abstenciones

Si Podemos no aceptase apoyar una investidura junto al partido de Albert Rivera, se abrirían dos posibilidades para Sánchez. Una de ellas es un pacto de izquierda con el apoyo del PNV y la abstención de los partidos catalanes. En lo que a la sanidad se refiere, el panorama que se dibujaría también partiría de una derogación del Real Decreto-ley 16/2012. Todos los partidos están en contra de los copagos establecidos por este texto y abogan por la universalidad que otorgaban marcos previos como el 9/2011.

Las subastas de medicamentos ganaría apoyos con la entrada de Izquieda Unida aunque los precios seleccionados se erigen como un punto intermedio al que se sumarían sin mayores problemas los partidos nacionalistas. El Consejo Interterritorial también ganaría poder. Sería una forma sibilina de otorgar mayor capacidad en las cuestiones sanitarias a las comunidades autónomas que se podría vender como una mayor celeridad en la toma de decisiones a nivel nacional. Lo que no pasaría por el aro sería el pacto de sostenibilidad entre el ministerio y Farmaindustria firmado el pasado noviembre. Ninguno de los partidos estaría por la labor de extender un acuerdo al que mostraron su rechazo (PSOE, Podemos e Izquierda Unida) o su indiferencia (partidos nacionalistas).

PSOE + C’s y abstenciones

La segunda opción que se le presenta a Sánchez si Podemos abandona la partida es convencer a Rivera y lograr una abstención en bloque tanto del Partido Popular como de los partidos nacionalistas. Suponiendo que ambos líderes consiguieran, sobre todo, la abstención de grupo dirigido por Mariano Rajoy, las cuotas a pagar serían altas y también influirían a la sanidad. La derogación total del 16/2012 no se produciría y entre los tres partidos tendrían que negociar qué partes del texto se modificarían. La fórmula del copago así como la cobertura sanitaria tendría que encontrar puntos medios. Lo que sí desaparecería con total seguridad es el fantasma de las subastas. Cobrarían fuerzas tanto las centrales de compra como los precios seleccionados, y las decisiones autonómicas estarían más vigiladas.

El Consejo Interterritorial también tendría más incidencia que la actual. Sería el gran laboratorio donde tendrá que revalidarse el pacto de investidura ya que en ese organismo está conformado en su amplia mayoría por ese partido junto al PSOE. Otro de los aspectos que el PP pondría como condición sería respetar el pacto de estabilidad con Farmaindustria y revalidarlo. Los futuros ahorros que generaría este acuerdo han sido presentados por el Ministerio de Hacienda ante Bruselas como cortafuegos a un crecimiento exponencial del gasto farmacéutico. De hecho, Bruselas ha dicho que revalidarlo es necesario para las cuentas españolas.

En las campañas electorales hay espacio para todos. En la pasada de diciembre, el Partido Socialista estaba en la encrucijada de estar perdiendo votos a izquierda y derecha y decidió endurecer su mensaje para movilizar a sus bases y cortar de raíz la sangría de votos que Podemos estaba recabando. A cinco días de las elecciones, Sánchez bajó al terreno sanitario y farmacéutico con una defensa a ultranza de las subastas de medicamentos. “Los socialistas defendemos las subastas de medicamentos y no los copagos. Que se aprieten el cinturón las empresas farmacéuticas”, escribía en la red social Twitter el líder del PSOE. Ahora, tras unos resultados electorales peores que hace cuatro años pero que sin embargo le han brindado la posibilidad de dirigir el país, Sánchez matizará sus palabras en las reuniones con los diferentes grupos. Las subastas no han sido apoyadas por gobiernos socialistas autonómicos y, además, ni Ciudadanos ni nacionalistas ni, al cien por cien, Podemos, comulgan con la normativa andaluza.

Los copagos, sin embargo, tienen otra lectura. A un día de las elecciones, Sánchez volvió a repetir en la misma red social que eliminaría esta medida. Sin embargo, queda por saber si al derogar el Real Decreto-ley 16/2012 también desaparecerá la bula a los parados de larga duración, que con el decreto 9/2011 pagaban sus medicamentos como cualquier otro ciudadano. Además, también tendrá que explicar si los pensionistas no volverán a pagar sus medicinas dando igual la renta anual que perciban.

Todas estas declaraciones públicas tendrán ahora que convivir o ser olvidadas según sean los socios de gobierno a los que Sánchez convenza. Si el líder socialista no rebajara la intensidad de lo anunciado en campaña y consiguiera atraer a partidos que respaldasen sus tesis, la nueva norma sanitaria que sustituyera al Real Decreto-ley 16/2012 tendría un copago que defendería más al jubilado con una pensión alta que al parado de larga duración, una opción poco socialista en cuanto a ideología. Habría también universalidad en la asistencia sanitaria, pero una oferta de medicamentos más pobre que la actual por unas eventuales subastas a nivel nacional. Y, si hubiese esas subastas, ¿qué recorrido tendría la liberalización de descuentos en las oficinas de farmacia? Ninguno.