Bartolomé Beltrán
Jefe de servicios médicos A3Media
| viernes, 29 de mayo de 2015 h |

Esta semana quiero dedicar este ‘En Buenas Manos’ a hablar de un asunto que considero que es de gran relevancia: los problemas de salud mental en la infancia y la adolescencia. Se trata de unos problemas que presentan unas características propias, por lo que tienen que ser abordados de una manera específica, adaptándose a dichas franjas de edad. En España se calcula que las enfermedades psiquiátricas afectan a un millón de niños y adolescentes y según los últimos datos, anualmente más de 3.000 menores de 14 años son ingresados en nuestro país por problemas de salud mental como esquizofrenia, psicosis y trastornos de la personalidad. Por eso, es muy importante estar atentos a la psicofarmacología, cosa que ha hecho la doctora María Jesús Mardomingo en su último libro.

A este respecto, considero necesario destacar que la acción de los fármacos da lugar a cambios moleculares y celulares de las neuronas sobre todo cuando se administran de forma crónica. De este modo, estos cambios tienen como objetivo contrarrestar los efectos agudos del fármaco o potenciar la respuesta al mismo. La adaptación molecular acontece mediante mecanismos de regulación al alza o a la baja. Por ejemplo, los opiáceos, que son agonistas de los receptores de opiáceos delta, kappa y mu, disminuyen de forma aguda los niveles de AMPc intracelular.

Sin embargo, si se administran de forma crónica se acaba produciendo una regulación al alza de ciertos componentes del AMPc (adenosín monofosfato cíclico) que compensan de la acción inhibitoria inicial, restaurándose los niveles normales de AMPc. Este mecanismo de regulación al alza que tiene lugar en estructuras cerebrales como el núcleo accumbens y el locus coeruleus, se considera uno de los mecanismos implicados en la adicción a opiáceos, que permite comprender los fenómenos de tolerancia, que exige dosis cada vez más altas de droga para que se produzca el mismo efecto clínico, y de abstinencia, que acontece cuando la droga se deja de tomar.

Por otro lado, pienso que hay que incidir en que los antidepresivos requieren, por su parte, el que se les administre durante un tiempo suficiente para que su acción terapéutica se manifieste. El efecto inmediato que consiste en el aumento de aminas en la sinapsis no basta y el aumento de monoaminas en la neurona postsináptica tampoco. Por tanto, sobre este particular pienso que lo más probable es que la acción terapéutica dependa de cambios moleculares de adaptación al fármaco. Para explicar esta adaptación molecular se han propuesto dos teorías o hipótesis que se refieren al receptor 5-HT1A.

La primera hipótesis considera que la acción terapéutica de los antidepresivos depende de la desensibilización de los autorreceptores 5-HT1A somatodendríticos. Esta desensibilización daría lugar a una desinhibición de las neuronas serotonérgicas que se traduciría en la liberación de serotonina en la sinapsis.

La segunda hipótesis propone que el efecto terapéutico de los antidepresivos se debe a la regulación al alza de algunos componentes del AMPc, como la proteinkinasa A y el CREB, en el sistema límbico, tras la administración crónica de antidepresivos. El CREB es un factor de transcripción que se activa por fosforilación. Entraríamos en el terreno de la Neuroquímica de los trastornos psiquiátricos. Esta hipótesis explica la acción de los fármacos tanto serotonérgicos como noradrenérgicos, ya que la regulación al alza tiene lugar con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y de noradernalina. ¡Seguro!

En España se calcula que las enfermedades psiquiátricas afectan a un millón de niños y adolescentes

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