La salida de Alberto García Romero de la presidencia del COF de Madrid se va a producir en medio de una polvareda motivada por la adenda que modifica el concierto entre la Comunidad de Madrid y el colegio que, entre otros asuntos, modifica las condiciones de dispensación de recetas oficiales prescritas a pacientes de residencias geriátricas y centros sociales. Una polvareda motivada por las declaraciones realizadas por el propio García Romero en una entrevista en este periódico (ver EG núm. 637), en las que precisaba acerca de la posibilidad de que se produjese un cambio en el servicio de dispensación a pacientes de estos establecimientos que, “de momento, afortunadamente, todo sigue igual, y que dure mucho. Además, aunque se ponga en marcha la voluntad política es salvaguardar determinadas farmacias y poblaciones”.
Sin embargo, la adenda que modifica el concierto, que fue suscrita y firmada el pasado 4 de octubre por García Romero y el presidente de la Comunidad de Madrid, Javier Fernández-Lasquetty, no refleja este optimismo que mostrado por el presidente colegial, ya que en su punto sexto se añade al anexo 1 del concierto un nuevo apéndice que señala que “a las recetas oficiales prescritas a pacientes de residencias geriátricas y centros sociales se les aplicará un descuento del 10 por ciento”. Esto significa una modificación importante en las condiciones de dispensación y su rentabilidad, ya que, como ha puesto de manifiesto algún estudio, el margen neto de las oficinas de farmacia se sitúa sobre el 10,4 por ciento.
Sobre este punto, cabe destacar que desde el COF de Madrid se quiso salir al paso en esta polémica al publicar en su Twitter que indicaba que “los farmacéuticos que suministran las residencias públicas ya conocían el 10 por ciento de descuento, ya que se les consultó en diciembre de 2012 y en 2013”. Asimismo, y siempre a través del mismo medio, se indicó que el descuento no es lineal y queda por establecer cómo se realizará, y que “en la mayoría de las comunidades están en manos de la administración y en Madrid aún se encuentran en manos de los farmacéuticos.






































