Bernardo Martínez-Vaquero
Ex presidente del COF de Cantabria
| viernes, 25 de abril de 2014 h |

Los diversos y sorprendentes avatares que están sucediendo en las elecciones a distintos Colegios debieran promover una reflexión sobre la bondad de dichos procesos y ver si realmente cumplen su función principal: ser cauce de la voluntad de los colegiados.

El autor de este escrito, ha participado, con distinta suerte, en tres elecciones en el Colegio de Farmacéuticos de Cantabria y dos en su Consejo General, respondería que es manifiestamente mejorable.

En el Consejo General (Madrid), sorprende que, financiando el farmacéutico con su cuota, no participe directamente en la elección y, al ser el voto secreto, ni siquiera conozca el destino de lo que apoya su Colegio provincial.

Asimismo, también sorprende que, al contrario de las elecciones municipales y autonómicas, donde se da la simetría entre elector y elegible, siendo necesario ser concejal o diputado para poder ser candidato a alcalde o presidente, en nuestro Consejo pueda presentarse cualquier colegiado y resultando que sólo votan los presidentes de los Colegios de Farmacéuticos de las provincias.

Quizás ello explique lo poco representado que se siente el colegiado de a pie, el colegiado de día a día. Por eso es necesario que exista más transparencia y participación de todos los colegiados, tanto vía voto directo de todos como voto público si lo hicieran los presidentes provinciales.

Ante esta propuesta, quiero mojarme, porque creo que no hay que tener miedo al colegiado y los miles de colegiados en todo el país, deberían decidir nuestros representantes nacionales.

Por otra parte, en el ámbito provincial, algunos Colegios de Farmacéuticos han limitados en sus reformas de Estatutos la norma no escrita de poner las menos pegas posible a quien quiera presentarse.

Y, así después de una tradición de listas abiertas para las Vocalías de Sección donde individualmente uno se pueda presentar, hemos pasado, qué barbaridad, a listas cerradas de hasta 18 personas, que lo tomas o lo dejas, sin entrar a pensar qué libertad en el ejercicio de su cargo tendrán los 17 restantes elegidos. Eso si, gracias al dedo benefactor del cabeza de lista.

Cuando los debates en otros ámbitos son de cómo ir a listas abiertas con las que uno se sienta representado nosotros vamos al revés. Y qué decir de las normas electorales farragosas y con trampas para el lego, avales, certificados, años de colegiación, actividad profesional…. Cuando parece lo más razonable que estando colegiado y ejerciendo la profesión fuera el único requisito para presentarse.

Urge, pues, modificar los Estatutos colegiales que simplifiquen todo el proceso y que como titulo esta tribuna se pierda el miedo al colegiado. Reforma que debiera contemplar la desaparición del voto por correo, fuente de todo tipo de manipulaciones si el presidente de la Mesa Electoral no impone su mandato y hasta se lleva a casa las llaves de la caja fuerte. Es el momento de implantar el voto electrónico con todas las garantías de confidencialidad y protección de datos necesario. No creo que sea más difícil que la receta electrónica y, de eso, ya sabemos un rato.

Y, como dicen algunos, ahora viene cuando la mataron, limitación de mandatos, para mí claramente a ocho años, como el presidente de Estados Unidos, ¿o lo nuestro es más difícil?

Nuestras organizaciones profesionales deberían de emprender líneas de actuación para que, por su propio interés, el colegiado se sienta participe y representado, demostrando con transparencia y realismo que no es un coto cerrado, de siempre los mismos.