Antonio Pérez Ostos Presidente de Cecofar | viernes, 10 de junio de 2016 h |

Hoy vivimos en un entorno globalizado, definido en términos geoeconómicos por cuatro o cinco grandes áreas de influencia mundiales que compiten entre sí. Nuestra distribución cooperativa se desenvuelve dentro de una de esas grandes áreas, la Unión Europea, que afronta en estos años la necesidad imperiosa de hacer crecer su economía ante las presiones externas. Esta situación está obligando a la UE a a un reajuste económico que afecta a la distribución y que explica en buena medida la necesidad estratégica de poner en marcha procesos de integración como el que comparten ahora Cecofar, Farmanova y Cofarcir.

En Europa, sólo el 35 por ciento de la distribución es cooperativa. En el territorio de la UE, los agentes predominantes del sector son multinacionales cuyo único objetivo, en buena lógica, es una cuenta de resultados que permita repartir dividendos entre sus accionistas. Esa orientación empresarial es legítima, pero es por completo ajena a nuestra identidad profesional como farmacéuticos que prestamos servicios de salud de proximidad a la población.

En España, sin embargo, las multinacionales son minoritarias y la distribución cooperativa copa el 80 por ciento del mercado. Existe una razón histórica que explica esta realidad: la atomización de las cooperativas fue uno de los factores protectores de nuestro modelo, ya que no resultaban suficientemente atractivas para la estrategia comercial de las multinacionales. Pero la situación ha cambiado y la atomización ya no es una fortaleza, sino una debilidad, para el cooperativismo farmacéutico español. Hoy, una cooperativa pequeña ya no tiene músculo suficiente para dar respuesta a las necesidades que afrontan los socios para dar la batalla por la viabilidad empresarial y sanitaria de sus farmacias. Y esa situación dibuja una grieta por la que una estrategia comercial agresiva por parte de las multinacionales puede introducirse en nuestro modelo y hacerlo peligrar. Sólo una distribución cooperativa fuerte puede conjurar esos riesgos, siempre que los farmacéuticos españoles queramos seguir siendo dueños de nuestra identidad profesional.