En lo que llevamos de año se ha ido evidenciando el gran daño económico que ha sufrido la estructura de la distribución como consecuencia de las medidas tomadas durante los tres últimos años en relación con el medicamento. Nada diferente se podía esperar ante la realidad de un mercado que en tres años ha perdido casi el 30 por ciento de su valor sin que haya habido ni un hecho para paliar dicha situación.
La distribución farmacéutica está ante una difícil encrucijada. ¿Es el camino la diversificación, con los riesgos que esta conlleva cuando no se tiene masa crítica suficiente? ¿Lo son los procesos de fusión para alcanzar esa masa crítica y desarrollar políticas que palien el deterioro económico sufrido como consecuencia de la bajada en valor de su facturación? Son dos caminos probablemente necesarios a recorrer, no contradictorios sino complementarios, pero con riesgos muy evidentes para la mayoría de las compañías que componen el sector.
Conseguir economías de escala, en teoría, es relativamente sencillo. Numéricamente la suma siempre aporta, pero una empresa no es una teoría, es una realidad humana, social y económica, formada por muchas sensibilidades que, a menudo, rechaza la mera suma porque muchos de sus componentes ven deteriorado en este hecho sus competencias y capacidades profesionales. Pero, por otra parte, el convencimiento de que una fusión es necesaria, tiene que llevar a esta hasta las últimas consecuencias, que son explorar todos los ahorros de coste que se pueden dar como consecuencia de esa teórica unión.
En el caso de la diversificación, la distribución tiene algunas actividades que, puestas en marcha con capacidad y talento, pueden aflorar recursos complementarios al corazón de su negocio. Pero esta diversificación está inmersa en un campo de competencia muy riguroso, en el que solo sobreviven los mejores y necesita de unos recursos financieros muy importantes para desarrollar en plenitud y con capacidad estas actividades, sean logísticas, de servicios o de comercio exterior. Todas requieren también cuantiosos recursos humanos muy cualificados, por lo que los resultados en esta área no se obtienen fácilmente, incluso a pesar de la masa crítica que pudiera suponer las fusiones bien realizadas y conseguidas.
En definitiva, un panorama apasionante desde el punto de vista de lo que es una empresa y preocupante observando la realidad. Nosotros farmacéuticos, propietarios de la mayoría de la distribución, necesitamos a esta para hacer viable nuestro proyecto profesional. Conjugar estos elementos es la realidad que se nos presenta y ante ella hay que ser cautos, prudentes y rigurosos, pero no aplazarlo porque nunca esta es la solución.






































