España atraviesa una situación muy delicada. Ciudadanía, gestores y agentes del sector queremos mantener un sistema sanitario que es, en líneas generales, ejemplar. Sin embargo, ni unos ni otros sabemos cómo vamos a financiarlo en los próximos años.
Actuar como hasta ahora, con recortes casi exclusivamente sobre el gasto público en medicamentos de dispensación en farmacia, no es la solución: el ahorro logrado se diluye rápidamente al agregarlo con los crecimientos de las partidas menos controladas pero mucho mayores. Sin embargo, estas medidas han exprimido tanto a la distribución farmacéutica de gama completa que le han llevado al borde de su viabilidad. Un sector que presta un servicio esencial para la sociedad que, además, se valora como excelente y el más eficiente en estudios comparativos realizados a nivel europeo.
El entorno en España no hace más que agravar un problema al que se enfrenta toda la distribución farmacéutica en Europa y que tiene su origen en la caída de los precios de los medicamentos. Los más importantes medicamentos en cuanto a ventas están perdiendo la protección de patente, entrando los genéricos. Se divide el precio de una molécula y se multiplica el número de referencias, normalmente por un factor de diez o más.
Es decir diez veces más presentaciones y a un precio diez veces menor. Como la distribución percibe un margen proporcional al precio, es fácil comprender el alcance el problema. Cada vez hay menos medicamentos rentables de suministrar con los que compensar los deficitarios (hoy más del 60 por ciento).
En algunos países de Europa se está retocando el modelo de retribución y en otros se ha cambiado por completo. Probablemente, algo haya que hacer. Por lo pronto, llevamos años reclamando un suelo en el margen. Al igual que existe un margen máximo, habría que establecer un margen mínimo. Los precios de algunas referencias han bajado tanto que la distribución no percibe ni un céntimo por adquirirlos, almacenarlos para tenerlos a disposición de la farmacia cuando esta lo demande, transportarlos y entregarlos adecuadamente. Literalmente, ni un céntimo.






































