| viernes, 18 de enero de 2013 h |

Vaya por delante mi rotundo rechazo, tanto personal como de la institución que presido, la Confederación Empresarial de Oficinas de Farmacia (Ceofa), a la pretensión del Ministerio de Economía y Competitividad de liberalizar la oficina de farmacia, porque puede producir un perjuicio irreparable a los usuarios y a la Sanidad de nuestro país. El modelo farmacéutico regulado que disfrutamos actualmente nos permite tener siempre una oficina de farmacia próxima y acceder a los medicamentos en igualdad de condiciones y precio, con independencia del lugar de residencia. Y todo ello, con la máxima seguridad sanitaria. ¿Alguien da más?

Por otro lado, cabe destacar que el propio Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que no existe ningún sistema que garantice la prestación farmacéutica con la misma cercanía, eficacia, accesibilidad y universalidad como el español. Sin embargo, el Ministerio de Economía y Competitividad quiere imponer su liberalización, justificándose en una Directiva de Servicios que no es aplicable. ¿Por qué? Porque excluye específicamente a los servicios farmacéuticos.

Indefectiblemente, en todos los países donde se ha implantado la liberalización del sector farmacéutico se cerraron un gran número de boticas, se duplicaron o triplicaron los precios de los medicamentos y las oficinas de farmacia se concentraron en las zonas más rentables, dejando desatendidos los núcleos más aislados. Por supuesto, se debe resaltar que la seguridad sanitaria desapareció al supeditarse el “interés público” al comercial y el medicamento se convirtió en una simple mercancía.

Debemos reseñar que dos tercios de la población europea tiene un modelo regulado de farmacia, y tampoco debemos olvidar que el Tribunal de Justicia Europeo ha sentenciado que el modelo regulado, que reserva la propiedad al farmacéutico, está justificado porque asegura un abastecimiento de medicamentos seguro y de calidad, evitando riesgos para la salud de las personas. Más claro, imposible.

En resumen, un modelo reconocido como el más eficiente, cercano, accesible, equitativo y universal puede desaparecer para desgracia de más de 45 millones de ciudadanos y beneficio de una decena de grandes corporaciones multinacionales. La liberalización de las oficinas de farmacia perjudica gravemente a la salud, y como decía Arthur Schopenhauer: “La salud no lo es todo pero sin ella, todo los demás es nada”.