Profesor titular de la UCM viernes, 14 de noviembre de 2014 h
Necesitamos un gasto farmacéutico justificado y eficiente. Sabemos que esta factura se ha incrementado en las últimas décadas, excepto en los últimos años. También sabemos, o esperamos, que en los próximos años dicho gasto siga creciendo. Este hecho no es en sí una mala noticia. Lo cierto es que si se incrementa el gasto debe ser porque tenemos más productos innovadores accesibles que incrementan nuestra esperanza de vida y por supuesto, también nuestra calidad de vida.
Solo una correcta evaluación de las medidas (de oferta y demanda) llevadas a cabo para reducir el gasto puede responder a la pregunta de si han resultado eficientes o no. En el caso del copago de 2012, habría que analizar cuál ha sido la reducción de la demanda en los distintos estratos de renta, corregida por la necesidad de los productos farmacéuticos. De nada sirve que el gasto se reduzca en los que más lo necesitan si no se reduce el abuso en la demanda de aquellos que menos lo necesitan. Para realizar este tipo de análisis habría que observar la elasticidad de la demanda de los productos, es decir, cuánto de fácil o difícil resulta sustituir esos productos.
Los productos innovadores son en muchas ocasiones los responsables del incremento del gasto farmacéutico debido a su alto precio. En los últimos años hemos vivido el acceso al mercado de productos biológicos. Solo una estricta evaluación económica, aun con sus limitaciones, puede resolver la duda de si sus beneficios superan los costes.
En la mayoría de los casos los productos biológicos tienen viva la patente. No obstante, ya han comenzando a acceder al mercado los medicamentos biosimilares, copias no idénticas de los biológicos. El papel del regulador es, además de garantizar la eficacia y seguridad de los fármacos, fomentar la competencia para que puedan bajar los precios y el gasto, pero vigilando que esa competencia tenga sentido y que se pueda cumplir la intercambiabilidad de los productos. De nuevo, es una evaluación económica sistemática y continuada la que puede desempeñar este papel. Las consecuencias derivadas de la crisis económica nos lo exigen, además, con urgencia.






































