Profesor Universidad Tecnológica Sidney viernes, 27 de junio de 2014 h
En España existen doctorandos y profesionales con gran potencial en el ámbito de la investigación y docencia de la práctica farmacéutica. Este potencial se manifiesta en el alto número de estudios individuales y grupales realizados en esta disciplina, liderados por varias instituciones (Universidad de Granada, Pharmaceutical Care, Foro de Atención Farmacéutica, Sefac, Consejo General, colegios provinciales…). Pero una vez que el proyecto o la tesis finalizan, lamentablemente no hay futuro académico para ellos. El principal problema en España es que la universidad carece de un departamento de práctica farmacéutica que sea capaz de dar salida a estas personas para que desarrollen su carrera, y aún más importante, proporcionen a la profesión un liderazgo intelectual.
Cuando se compara la universidad española con universidades más avanzadas a nivel internacional, es evidente que la cantidad y calidad de asignaturas relacionadas con la práctica farmacéutica es una materia aún por integrar en este país. Es cierto que, aunque existe una voluntad manifiesta de la profesión y de los alumnos a que se impartan estos contenidos, parecen existir resistencias dentro de la propia universidad por personas más conservadoras. A pesar de este enfoque más conservador, hay muchos académicos que apoyan ampliar e integrar las asignaturas relacionadas con esta práctica.
Para que este cambio ocurra y retener a este grupo de jóvenes españoles, excelentemente formados y apasionados en su trabajo, la profesión debería ejercer más presión de la que actualmente está ejerciendo para crear departamentos de práctica farmacéutica y cambiar la formación e investigación de la carrera de farmacia. Es evidente que la falta de una salida profesional en la universidad española, implica que los jóvenes investigadores ejercerán su labor en otros países. Aunque esto no es malo, la pregunta es si algún día querrán o podrán volver.
Lo que está claro es que esta fuga de cerebros puede tener implicaciones dramáticas para el futuro de la farmacia comunitaria y hospitalaria. Y, más importante, para el SNS y la salud de la población.






































