El reconocimiento por parte del SNS, en su cartera común de servicios, de aquellos servicios asistenciales desarrollados en farmacia comunitaria que hayan demostrado su eficiencia en mejora de resultados en salud y en ahorro económico, es, sin duda, uno de los grandes retos de la política farmacéutica. Sin embargo, este reconocimiento de la farmacia asistencial, aún siendo el más importante, no debería hacernos perder de vista otro fenómeno al que estamos asistiendo y que, aun con cierto retraso en nuestro país respecto a otros, se está produciendo a gran velocidad. Me refiero a proyectos de desarrollo de servicios pensados y dirigidos a pacientes privados y aseguradoras del ramo de la salud que estén dispuestos a pagar por servicios adicionales que consideren necesarios. Servicios que podemos denominar como: ‘Seguimiento en salud’.
No obstante, este fenómeno tiene algunas características peculiares. Entre otras razones, nace por el impulso de sectores empresariales que necesitan, con poca o ninguna experiencia en Sanidad y espoleados por la crisis económica, la búsqueda de otros mercados y de oportunidades de negocio. También buscan responder a las propias necesidades de su mercado, con nuevas soluciones para disminuir costes en salud, afrontar el reto del envejecimiento, nuevos abordajes para enfermedades crónicas… En definitiva, buscan crear soluciones con impacto social. Ahora bien, ¿cómo se sitúa el farmacéutico y la farmacia asistencial ante este fenómeno?
Es bien conocida la accesibilidad de las farmacias para los ciudadanos, lo que las convierte en sumamente interesantes para estos grupos empresariales como red comercial donde colocar estos nuevos servicios en el mercado, lo que propina que busquen un acercamiento a ellas. La cuestión es que la farmacia, partiendo de ese interés inicial que suscita su buena posición comercial, plantee la integración de sus servicios asistenciales que se adapten a estos proyectos en los mismos, bien sean estos la optimización del uso de fármacos, los SPD, intervenciones en adherencia, realización de pruebas o determinación de parámetros biológicos, y no quedarse en la mera captación de clientes y venta de estos nuevos ‘productos’.
Lógicamente, este planteamiento pasa por la implicación y participación de la farmacia en el diseño y gestión de dichos servicios junto con otros equipos multidisciplinares.






































