| viernes, 30 de abril de 2010 h |

Juan Carlos Gimeno, presidente del COF de Zaragoza

El pasado 26 marzo el BOE publicaba el Real Decreto Ley 4/2010 de racionalización del gasto farmacéutico con cargo al Sistema Nacional de Salud. Este decreto ley contempla diversas medidas relacionadas con el gasto público en medicamentos que considero excesivas y contraproducentes. La primera acción prevista es la disminución de precio de los genéricos.

Las EFG presentes en nuestro mercado se encuentran ahora en un proceso de bajada debido a la actualización de los precios de referencia publicada el año pasado. Pero, inmediatamente, deberán acometer otro abaratamiento, que será tanto mayor cuanto más cercanos al actual precio de referencia se encuentren. La mayor parte de estos medicamentos deberá reducir su precio en un 30 por ciento. Esta acción se aplica solamente a los genéricos, que en 2009 supusieron solamente el 5,68 por ciento de la facturación de las farmacias españolas, por lo que su efecto es limitado.

Así, Sanidad, no actuando por el momento sobre el 94,32 por ciento de la venta, tiene previsto ahorrar 258,04 millones de euros (más lo que ahorren los ciudadanos en el copago o la venta libre). Pero este ahorro no empezará hasta julio, cuando las farmacias facturen a precio nuevo.

Las dos bajadas de precio que van a producirse en mayo y julio unidas al nuevo sistema de precios de referencia (NSPR) puede provocar un efecto disuasorio para que la industria fabrique algunos genéricos, porque no será rentable; y es probable que provoque desabastecimiento de algunos medicamentos. El NSPR es perverso porque solo contempla el principio activo y vía de administración, sin distinguir ni posología, ni forma farmacéutica, lo cual es una aberración; fijando el precio según la DDD del más barato, incluso si no está disponible ni comercializado.

Para la oficina de farmacia estos cambios de precio son un lastre, que tal como está planteado no tiene solución. Porque aunque tiene derecho a devolver los medicamentos que han cambiado el precio, en la mayoría de los casos no tendrá esa posibilidad, ya que en el envase no suele venir marcado el precio. La farmacia, una vez más, sigue siendo la perjudicada por las dificultades que entraña controlar y gestionar el stock, pero además añadiendo unas pérdidas económicas difíciles de comprender.

Con las últimas bajadas de precio y la aplicación del nuevo sistema de PR es muy probable que algunas farmacias estén por debajo del umbral de rentabilidad.